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@CARLOSLGUERRERO

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3 min
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Entonces Dios también se cansa

Si en verdad Maradona era el padre de la pelota, ésta ha quedado huérfana, desolada y llorando sin encontrar aún explicación. Será labor de algún otro genio de las canchas ir en busca de ella, fungir de padrino y abrazarla un buen rato. Su misión será dar la bendición a la ahijada triste para que vuelva a rodar sin miramientos. La vida sigue.

Maradona era religión. Con todos los matices que conlleva. Fe, amor, culto y una dosis de fanatismo de por medio.

Basta observar las imágenes de su funeral. Particularmente delirante. Parecería que el adiós del Diego fuera una grada enardecida que atraviesa la barrera del minuto noventa con marcador empatado, pero con un penal a favor. En este caso, con la esperanza religiosa de un milagro que saben ya no llegará. El crédito se agotó entre tantas peticiones.

Hoy en Argentina es más grande el dolor de su partida que el temor a los tiempos de pandemia. Ya qué miedo pueden tener si han perdido el partido más importante.

Si al fanático no se le puede hacer entrar en razón en una sala, mucho menos en la despedida del ídolo. El lado más salvaje se combina con la tristeza generando una extraña mezcla que no entiende de control.

Las calles se inundaron de hinchas donde más que arreglos florales, hubo banderas y donde más que rezos, hubo cánticos. Maradona aún en otro plano, llenó un estadio imaginario y consiguió que los de Boca abrazaran a los de River.

Pocos personajes en la historia con una dualidad tan marcada. Protagonista y antagonista a la vez, pero jamás un actor de reparto. Nunca medias tintas, nunca una escala de grises. O era blanco o era negro.

Tuvo todo para acostarse en fina arena y meter los pies en la más serena de las bahías, pero optó por nadar siempre en mar abierto, ahí donde las aguas turbulentas le generaban adrenalina y ahí donde las rémoras le acompañaban para mordisquearlo hasta hacerlo sangrar.

Las malas amistades y un entorno familiar tan complejo como espinoso, provocaron que los días del Diego no fueran apacibles luego de tantas tardes de gloria y noches de infierno.

Así como algún día declaró que le habían cortado las piernas cuando le expulsaron de un Mundial por consumo de sustancias prohibidas, él mismo se cortó las alas por excesos y no hubo alguien en su mundillo para sanarlo y repararlo.

Nadie como Maradona. Tipo capaz de generar portadas cada vez que hablaba y también cuando callaba o se ausentaba. Su voz tenía tanto eco como su silencio. Imposible concebir la historia del futbol sin su presencia.

Nos quedaremos con la imagen del astro que fue en las canchas. Ahí donde si no era el uno, era el dos, pero jamás el tres. Ahí donde hace 35 años hizo lo que ningún gamer podría hacer en la actualidad ni apretando todos los botones de un videojuego.

Cierto es que la pelota no se mancha, pero sí que se entristece.