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@CARLOSLGUERRERO

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¿El fin de la era regia?

El equipo más caro del futbol mexicano, Rayados, con un valor de plantilla cercano a los 68 millones de euros (según el portal Transfermarket), quedó fuera desde Repechaje a manos del Puebla, equipo 17 en valor de nómina (17 mde). Vaya fracaso.

Pero Rayados no ha sido la única decepción. Junto con el club mejor valuado, también se despidieron de la competencia el dos y el tres en la tabla de cotizaciones. Los tres equipos más poderosos económicamente hablando, están de vacaciones.

El equipo ocho y el doce en cuanto a valor de plantillas, León y Pumas, respectivamente, son semifinalistas. El dinero no asegura éxitos ni pases por default a rondas más importantes.

Pero mejor vayamos al futbol. Ése que olvidó Tigres. Ése mismo que olvidó América.

El americanismo debe considerar lo sucedido frente a Chivas como algo imperdonable. Caer de la forma en que cayó frente al acérrimo rival es inadmisible. Perder así frente a una enmarañada versión de Chivas que a lo largo del torneo generó más grilla que portadas por buenos resultados, es reprobable.

Todo el mérito al Guadalajara y a Vucetich. Conscientes siempre de lo que estaba en disputa. Se fajaron, resanaron con orgullo cualquier grieta o fractura en cuanto a futbol y jugaron al 200 por ciento, como debían hacerlo.

América fue sobrado, inoperante y sin argumento alguno para emitir algún tipo de reacción. Ni individualidades ni juego colectivo. Nunca tantos jugadores a los que les quedó enorme la camiseta.

Y qué decir de Tigres. Perdió la eliminatoria desde la ida. Murieron de nada. En su acta de defunción, en el espacio donde tendrían que enumerarse las causas, sólo se aprecian líneas en blanco. Sólo hasta abajo se observa una firma donde se da fe de su eliminación, pero ningún hecho resalta. La nada los llevó a otro mundo. Sí, al mundo de la decepción.

Habrá que esperar una estudio profundo, una autopsia que pueda acercarnos a una explicación convincente. Quizá haya algo de raíz que nadie sabe.

Tigres tenía que hacer tres goles en la vuelta y salieron a pasear cándidamente el balón de un lado a otro como si el 0-0 les otorgara el pase a Semifinales. Mucha posesión de pelota, pero nula imaginación para saber qué hacer con ella.

No había deseos de trascender, de dar un golpe de autoridad. Un equipo desangelado, sin destellos que emocionaran, sin fortalezas que se impusieran, sin ánimos de nada.

Extremadamente calculadores cuando debieron ser rebeldes; fríos cuando tuvieron que jugar con la sangre ardiente.

Me duele decirlo, pero quizá estemos ante el principio del fin de una maravillosa era y época regia. De una década (poco más) de un fantástico recorrido repleto de glorias.

Tal vez sea momento de ceder la estafeta a los grandes. Puede ser que estemos ante el renacimiento de Cruz Azul, de Pumas o de Chivas.