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@CARLOSLGUERRERO

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Se habían tardado con Herrera

"Agradecemos su entrega y dedicación. Sin embargo, los resultados que se han obtenido en lo deportivo y actitudes dentro de la cancha, no cumplen con la grandeza de la Institución, ni son los que espera la directiva del Club y mucho menos la afición. Le deseamos al Sr. Miguel Herrera la mejor de las suertes".

Cito textual parte del comunicado oficial que cimbró por completo al americanismo. No del todo bien redactado, pero sí lo suficientemente contundente como para entender que la situación llegó al hartazgo en las altas esferas del equipo. Es raro que un mensaje de esta índole señale causas del rompimiento. La realidad es que suelen ser escritos políticamente correctos y nada desafiantes.

Soy de los que considera adecuada y oportuna la brava decisión. Y digo brava porque no debe resultar sencillo poner en la balanza: actualidad vs logros. Herrera más allá de todo lo que se le pueda criticar fue un técnico que nutrió las vitrinas, que hizo ganador al equipo y que casi siempre mantuvo al América entre los mejores de la competencia.

El problema fue que el discurso se le agotó y que el equipo fue perdiendo forma dramáticamente al grado de ser exhibido por su acérrimo rival y eliminado en un torneo internacional que tenía la obligación de ganar luego de lo sucedido en Liguilla.

Nadie, ni aficionados ni analistas, sabíamos a lo que jugaba América. Desde hace tiempo dejó de tener sello, firma particular y una marca registrada cada vez que pisaba la cancha.

Sabemos cómo juega León, Tigres, Puebla... ¿pero América?

Se convirtió en un equipo impredecible a la mala. Confundía rivales, pero también se confundía a sí mismo. Pocas veces un cuadro base y un estilo consolidado entre tantas lesiones, bajas y una insuficiente reacción desde la parte técnica.

América dejó de seducir y de atraer miradas. Se fue quedando sin referentes y sin estandartes. De esos que ponen el pecho a las balas. De esos que son capaces de levantar con un solo grito a todo un grupo.

Agreguen que Herrera no aprendió a dejar la granada resguardada en alguna caja fuerte. Que optó por seguir dirigiendo con ella en la mano sabiendo que en cualquier momento estallaría. Su envalentonamiento y su instinto incontrolable de furia le han cobrado factura nuevamente.

La directiva americanista no está para andar leyendo cartillas, reglamentos internos todos los días, ni para estar recordándole a su entrenador lo que no debe hacer cuando la ira le satura la cabeza.

Todos se cansaron de todos. Herrera de lo erosionado del plantel, de la cartera que ya no está dispuesta a gastar de más y la directiva, de la ausencia de resultados y los pleitos de cantina.

Decisión bien tomada. Punto para el que haya palomeado. Ya era hora. Ahora, a limpiar ese vestidor repleto de jugadores que caminan y otros que no corren porque les pesa demasiado la camiseta.