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@CARLOSLGUERRERO

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El maldito temor a la derrota

El pasado viernes tuve el privilegio de narrar Bundesliga. Y sí, un privilegio, una gozada. Esta vez no exagero. Así lo considero por el alto nivel de competencia que existe en dicha Liga. No se guardan nada los equipos y el deseo de ganar es mucho más fuerte que el temor a la derrota. Y eso, para quienes nos dedicamos a relatar la historia de lo que sucede, es un suculento manjar que se traduce en un producto fascinante.

Como en todas latitudes, hay equipos poderosos, millonarios, acapara talentos, formadores y clubes de bajo presupuesto que, con las uñas y mucha ilusión, intentan mantener la categoría.

Pero es el espíritu de exigencia lo que marca la diferencia. Y también el deseo de trascender por parte de los jugadores que se saben acechados por los voraces tentáculos de equipos de alta jerarquía. Es una vitrina perfecta, pero de igual manera, una liga a la que no le falta nada y en la cual se pueden echar raíces.

Borussia Mönchengladbach ganaba cuatro a dos al Borussia Dortmund. Corría el minuto 78 cuando cayó ese cuarto tanto. Contrario a lo que sucedería de este lado del Atlántico, el conjunto local buscó todavía el quinto tanto a falta de 12 minutos para que terminara el partido. El 'Gladbach nunca dejó de ser ofensivo. Nada de cerrar espacios, de hacer tiempo o de tirarse para consumir el reloj. Por el contrario, fueron hambrientos hasta el final. Buscaron otro bocado del pastel para terminar de exhibir al poderoso Dortmund.

En la Bundesliga como en la Liga Premier y otras tantas ligas europeas, la pelota corre con una asombrosa velocidad producto de planteamientos verticales y de la fluidez que el arbitraje le genera al juego. El rol de los silbantes es fundamental. No cortan el partido al mínimo contacto.

Se finge poco o nada (cuestión cultural). Factor elemental para que la dinámica del partido sea distinta. En América, sobre todo Sudamérica, el roce es parte de la estrategia y el reclamo una constante eterna. Duelos que se difuminan entre patadas, caídas, histriónicos rictus de dolor, ingreso de asistencias médicas, segundos consumidos y silbantes amonestando hasta al viento por una falta aparente a quien se revuelca por el césped sin cesar.

Luego de tres jornadas disputadas en la Liga MX, resulta imposible encontrar momentos de alta intensidad y calidad. La mayoría de los juegos han sido dignos del olvido. Pantanosos y enredosos. O no hay motivación por la falta de público o el verdadero contagio se llama apatía.

Mucho temor a la derrota. Nadie quiere hacerse responsable del espectáculo. La gran mayoría le da la vuelta.

Urge una revisión al sistema de puntuación. Que los cero a cero no arrojen unidades o que esté estrictamente prohibido despedir a un DT durante el torneo. Tal vez, así sea menor el miedo a la derrota y los parados tácticos se tornen atrevidos.

¡Hagan algo!