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@CARLOSLGUERRERO

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¿En qué momento el futbol se complicó?

Recuerdo que no nos importaba si al viejo balón le volaban hilos entre cada gajo como si fuera la cabeza de un niño despeinado. Nos daba enteramente lo mismo si se le comenzaban a desprender pedazos de piel o si estaba algo desinflado. Mientras rodara, había juego.

Nada nos impedía soñar que estábamos en una Copa del Mundo mientras perseguíamos la pelota sobre la cancha de concreto a la hora del recreo.

Unas cuantas reglas bastaban para hacerlo más entretenido. Sin "fueras" para no cortar el ritmo, con portero ambulante y sin expulsiones. No había ni árbitro. Y nadie quería serlo. Lo más cercano a un juez era la chicharra que nos hacía regresar al salón de clases cumplidos los 15 minutos.

El gol era gol y no se reclamaba nada. Lo dejábamos todo a la buena voluntad. Con que el balón rebasara los suéteres enredados era más que suficiente. Por la elevación de la pelota no nos preocupábamos. Nos basábamos en los principios de lealtad y en el ojo de buen cubero. Si el disparo iba demasiado arriba, no había gol.

Se priorizaba el espectáculo y se corría siempre hacia el frente. Si tu equipo ya había metido cinco goles y el oponente ninguno, se buscaba el sexto para culminar la obra o en su defecto, la regla mutaba a un "gol gana" para definir al vencedor. Sí, el derrotado tenía la oportunidad de reivindicarse en cuestión de segundos.

Sin saberlo, éramos unos adelantados a la época, puesto que años después, aparecería el "Gol de Oro" (hoy extinto).

En estos tiempos, no sé exactamente qué suceda cuando los niños dejan las canchas del recreo y comienzan a entender más del juego. Cuando se le pone punto final a la inocencia de la "cascarita" y escuchan por primera vez a un entrenador hablar de táctica, estrategia y arbitraje.

En mis tiempos era todo más claro. No había silbantes preocupados por su forma física ni especialización en la materia y mucho menos VAR.

Hoy que todo lo hay, incluidas reglas más complejas y quisquillosas, siento que el aficionado cada vez lo comprende menos.

La implementación de la tecnología en pro de la justicia ha generado un mar de confusiones. Los gritos de gol son pausados o hasta silenciados mientras se revisa la jugada. Se analiza todo en cámara lenta, se observan diversos ángulos, se hacen finos acercamientos y al final, la frustración sigue siendo la misma. La búsqueda por la perfección está acabando con todo.

Quisiera saber hasta dónde quieren llegar los genios del International Board que plácidamente modifican o agregan párrafos al reglamento sin darse cuenta de que al aficionado lo están desquiciando.

Quisiera volver a escuchar el sonido de la chicharra y recordar que aquello era lo único que podía cambiar el curso del juego. No los distintos criterios arbitrales y las meticulosas reglas que parecen matar la noble esencia del futbol.