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@CARLOSLGUERRERO

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2 min
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Sin guía el rebaño

El pastor no tiene rebaño y el rebaño no tiene guía. Todo mal con el Guadalajara. Avanzan las jornadas y Chivas sigue siendo el mismo equipo de ambiente enrarecido y de formas dispersas.

A ciencia cierta, nadie sabe a qué juegan o a qué intentan jugar.

Trece partidos han disputado y Vucetich no ha encontrado su formación ideal ni su parado táctico base. Ha movido piezas, ha fundido algunas y se ha aferrado a otras. ¿Y? Los resultados siguen siendo tan malos como inconsistentes. No hay regularidad, no hay puntos de crecimiento y menos, puntos de inflexión que le permitan al aficionado ilusionarse. Esto ya no es "cuestión de tiempo" como suele decirse. Acá no se ve por dónde puedan, jugadores y cuerpo técnico, salir del laberinto para explotar sus mejores virtudes.

El equipo está perdido, no hay rumbo claro. Chivas está estancado desde hace tiempo - no sólo en el presente torneo - en un denso bosque. Y lo peor, sin una brújula en la mano que lo saque del apuro para orientarse y retomar el paso. Parecería inclusive que cualquier brújula otorgada para reencontrar la ruta, ellos mismos la desarman para que no funcione. Yo no sé si ahí estén cómodos o si les da lo enteramente lo mismo permanecer extraviados entre los árboles como un acto de rebeldía.

Algo pasa en Chivas. Algo se pudre, algo huele mal pero se han acostumbrado al aroma. Y es ahí donde radica el peligro. Ya no distinguen si están en medio de un gas que puede explotar en cualquier momento. Juegan con fuego tras cada derrota y nadie hace nada por remediar el problema que puede ir desde lo individual hasta lo colectivo o estructural.

Es momento de que revisen tuberías, cimientos y paredes. En algún lugar estoy seguro encontrarán la falla. El día que lo hagan, podrán tomar decisiones. Demoler o resanar. Reconstruir o tapar.

Duele ver a Chivas así, deprimido y alejado de los puestos protagónicos. Ha cedido demasiado terreno ante tiburones voraces que no han perdido la oportunidad de acaparar reflectores. A Chivas le queda su historia y la grandeza. Por eso es que se aferran a ellas para no perder vigencia. Es lo único que les queda ahora. Por alguna cornisa deben caminar como última esperanza. El problema es que nadie sabe cuánto más pueda aguantar ese delgado filo por el cual transitan.

Responsables todos. El Guadalajara de un tiempo para acá se convirtió en el club de las fiestas y de las indisciplinas. La tierra de nadie donde todo es permitido, donde los castigos son superfluos y se pagan con billetes de juguete. Demasiados distractores y nulo foco de atención por parte de muchos jugadores. Ahí están las graves consecuencias. Un equipo histórico que podría quedarse fuera de la noble y permisiva zona de reclasificación.

Dos triunfos en trece partidos. Dos. Imperdonable para un club de la envergadura del Guadalajara.