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@CARLOSLGUERRERO

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En peligro de extinción

Aún recuerdo aquellas tardes por allá de 1997 cuando, con grabadora de casete en mano, los reporteros entrábamos a la cancha apenas finalizado el entrenamiento. No había nada que lo prohibiera. Inclusive, los jugadores aún realizaban abdominales de manera voluntaria cuando eran abordados por las cámaras antes de partir al vestidor.

Eran otros tiempos. Los reporteros teníamos la completa libertad de elegir a quién o a quiénes entrevistar. Sólo requeríamos la anuencia del jugador. No había jefes de prensa o, si los había, no tenían el poder de ahora. Uno fabricaba la ruta de su nota y dependiendo el tema o el fondo de la misma, buscábamos al futbolista indicado para tener la declaración precisa.

Crecí en los tiempos donde había que tocar la puerta del vestidor al final del partido para tener la declaración del entrenador. No existían las conferencias de prensa.

Me tocó que la "Tota" Carbajal nos respondiera mientras le daba unos buenos sorbos a su inseparable Coca Cola y que La Volpe se aventara respuestas de más de media hora entre el calor y la humedad del vestuario.

Nada de eso queda ya. Si alguna propuesta de entrevista no pasa por la jefatura de prensa, es prácticamente imposible tener al protagonista deseado.

Hoy se protege mucho al futbolista. Jamás pondrán en conferencia o en zona mixta a quienes se encuentren más expuestos a la crítica por algún tema en particular.

El reportero ya no elige a quién entrevistar; entrevista a quien "le ponen".

El jugador profesional cada vez habla menos con los periodistas y reporteros. Falta poco para que esas entrevistas mano a mano se extingan por completo. Son contados los que se atreven a hablar en una verdadera exclusiva cuando alguna polémica merodea el entorno.

Prefieren no hablar y han encontrado en el silencio, un aliado infalible.

Es más fácil que hoy declaren ante medios digitales, "YouTubers" e "influencers" y no ante la prensa tradicional. Se sienten más cómodos ahí. Y es válido. Tendrán sus razones. Como también es absolutamente válido que las nuevas generaciones de reporteros, cual sea la vía o canal de comunicación que tengan, compitan directamente con los reporteros de toda la vida. Bienvenida esa competencia.

Los futbolistas deben aprender a elegir o al menos, dejarse ayudar por los expertos de comunicación de su club cuando reciben una propuesta de entrevista.

Está claro que no todos están preparados para un juego de preguntas con dos opciones de respuesta como le sucedió a Uriel Antuna, quien ingenuamente cayó en un laberinto de palabras.

Una declaración desafortunada por una pregunta capciosa tuvo como consecuencia abucheos y desprecio.

Falta poco para que los jugadores opten por ya no declarar más. Y que hablen hasta que, una vez retirados, algún medio de comunicación los invite a trabajar como analistas.