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@CARLOSLGUERRERO

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Los planetas y el descenso

Apropósito de la última jornada donde se define el descenso. O lo que queda del descenso (si es que aún se le puede llamar descenso).

Principios de los 90. Temporada 90-91. Tenía alrededor de 11 años y recuerdo que muy temprano me levanté una mañana de domingo para adelantar la tarea que debía presentar a primera hora el lunes.

No quería tener ningún pendiente ni nada que me distrajera de lo único que realmente me importaba.

Irapuato se jugaba su permanencia en Primera División y dependía de un milagro.

Un día antes había perdido ante Toluca, así que ya no dependía de sí mismo sino de otro resultado que conoceríamos el domingo. Evitar el descenso parecía tan improbable como que Júpiter y Saturno se alinearan esa misma mañana para que el equipo de mi infancia pudiera quedarse un año más aferrado a la Máxima Categoría.

La salvación era la medicina para contrarrestar el malestar, pero en el fondo todos sabíamos que no era el tratamiento que habría de curar la enfermedad.

La crisis económica por la que atravesaba el Irapuato tenía desmoronada a la franquicia y desilusionada a la afición. Los futbolistas más destacados ya estaban apalabrados con otros equipos y el futuro era tan incierto como amargo.

Encendí el televisor. Mis ojos estaban clavados en el partido de mayor morbo de la jornada. El Morelia, comandado por Antonio Carbajal, enfrentaba al Santos de Roberto Matosas. En la cancha, jugadores como Ricardo Campos, Mario Juárez, Dolmo Flores y Juan Flores, entre otros.

Era el duelo clave. Ahí se definía todo. ¿Por qué?

Si Morelia empataba, clasificaba; si Santos empataba, permanecía en Primera División. ¿Cuál creen que fue el resultado? Cero a cero.

Con lágrimas en los ojos recuerdo perfectamente cómo la pelota se paseaba con singular tranquilidad por el campo del Estadio Morelos.

Los jugadores podían devolver el balón al guardameta y éste podía tomar el esférico con las manos. No hubo disparos a puerta. El partido se diluyó entre intentos insulsos e irrelevantes.

Santos se salvó, Morelia clasificó y el Irapuato descendió. No existía el porcentaje. La Tabla de Cocientes no estaba ni en incubadora. Descendía el peor y punto.

En realidad, Irapuato no se iba a la Segunda División por lo sucedido en Morelia o en Toluca, perdía la categoría por la fatídica temporada que registró aunado a esa macabra, nauseabunda y hasta perversa combinación en la última fecha.

Hoy los tiempos son otros. Los del descenso económico. Una poderosa multa para no olvidar quién fue el peor de los últimos años, pero sin caer el agujero negro espacial.

Yo que crecí entre ascensos y descensos, a veces extraño aquellas emociones por más dolorosas que fueran. Le daban un toque distinto y especial.

De todo aquello ya no queda nada. Más fácil que choquen Urano y Neptuno por una perturbación gravitacional de grandes alcances a que volvamos a los tiempos del descenso directo.