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@CARLOSLGUERRERO

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Ave de las tempestades

Todo aquel que pretenda "herir" al América restregándole en la frente la palabra fracaso, no lo conseguirá. Para América, el fracaso es una constante que aparece cuando no gana un partido o cuando inclusive, el once titular pierde el interescuadras. América fracasa cuando empata un partido en la fecha tres o cuando liga dos empates. Al América no le espanta la palabra. Lidia con ella cada que falla un disparo a puerta.

¿Que si fracasó? Por supuesto. Aquel verso de las derrotas honrosas y dignas no cabe ni es suficiente para sanar el alma del equipo más grande de México. No se alcanzó el objetivo trazado y punto. Cualquier cosa que no sea el título, al América le sabe a poco o nada. Así sea una Final o un subcampeonato por más decorosa o bien jugada que sea. Si no se es campeón, es fracaso.

Y esa es la gran diferencia entre América y el resto de los "grandes". A Pumas se le solapa porque dicen no tiene el presupuesto suficiente para competir y porque está lejos de poder invertir lo que otros invierten. A Cruz Azul no se le solapa pero siempre tendrá el perdón de su fidelísima afición aunque no alcance el título. Bastan temporadas fantásticas repletas de buenas estadísticas para dejar un buen sabor de boca. Digamos que lo honroso sí cabe en Cruz Azul. Siempre habrá una nueva oportunidad para enmendar el camino. Y qué decir de Chivas. El equipo más protegido del país. Su manto nacionalista le otorga sustento moral, cobijo y arrullo excesivo. Algo casi religioso.

El único verdaderamente obligado es América. Por cierto, hoy tienen más obligación Tigres y Rayados que Chivas y Pumas. El factor inversión se ha convertido en un modelo de responsabilidades. Es directamente proporcional al nivel de obligación. Por ello las duras críticas hacia los equipos regios que muy temprano se han despedido de la competencia. Señalamientos que, con justa razón, exhiben lo lejos que han quedado de sus respectivos objetivos. Mucho auto para haberlo chocado en un pasillo de supermercado.

LIGUILLA

Ha resultado una de las Liguillas más emocionantes de los últimos tiempos. Vértigo de sobra, juegos electrizantes, cardiacos y un promedio de gol por partido muy por encima del visto durante la fase regular.

Mi reconocimiento a los técnicos y equipos que no salieron a especular, esos que buscaron siempre el juego ofensivo, el espectáculo y el hacer uso del gol de visitante para obtener algún tipo de ventaja.

Se fueron los que más se cuidaron y los que pretendieron cuidarse cuando había que soltarse el pelo. Tigres, Rayados, Chivas, Atlas, se quedaron cortos. Algunos pudieron y otros debieron dar más pero no quisieron.

Pachuca cerró octavo de la clasificación, su punto más alto durante todo el torneo y es semifinalista. Acá no es de justicia, es de momentos. Liguilla se juega desde hace 50 años. No nos hagamos los sorprendidos, por favor.