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@CARLOSLGUERRERO

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2 min
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Los muertos ajenos del Cruz Azul

Que lo gocen y que lo griten cuantas veces quieran. Que se pongan la camiseta del Cruz Azul para ir a la oficina, a la universidad o para quedarse en casa disfrutando del sofá. Que no se la quiten ni para dormir. Que la usen toda la semana, todo el mes. Si alguien merece saborear la victoria hasta embriagarse de ella y presumir que su equipo ha reactivado y/o desbloqueado el modo grandeza, son los aficionados del Cruz Azul.

Cuántas burlas no soportaron durante tantos años. Cuántas veces en la más vulgar de las charlas entre amigos fueron noqueados con un contundente gancho de "tú le vas a al Cruz Azul, no puedes opinar nada". Cuántas veces los vieron llorar. Cuántas veces les pidieron que abandonaran el barco. Cuántas veces les dijeron locos o peor aún, estúpidos, por permanecer en esa relación de amor - odio que cada día se hacía más tóxica y difícil de sanar.

Que los jugadores levanten los brazos mil veces. Han conseguido lo que parecía imposible. Cuántos féretros ajenos debieron cargar durante años de todos aquellos que pasaron por ahí sin pena ni gloria. Nombres y hombres que se convirtieron en almas deudoras, en molestos inquilinos del limbo celeste.

Mi profundo y más sincero reconocimiento para Orbelín Pineda, Luis Romo, Rafa Baca, "Cata" Domínguez, Jesús Corona, Roberto Alvarado y todos los jugadores de la actual plantilla que debieron liquidar lo que nunca pagaron los Biancucchi, Ponce, Bertolo, Emaná, Ovelar, Carrusca, Lizarazo, Cámpora, Peña, Zurdo, Maranhao, Astudillo, Vignieri, Conceicao, Faurlín, Santa Cruz, Carrizo, Guerrón, Belluschi, Alemao, Cauteruccio y tantos más que se marcharon por la puerta de atrás con una capucha en la cabeza después del atraco.

Y qué decir de Juan Reynoso. El de más bajo perfil después de José Luis Saldivar. El menos mediático de todos, el que no necesitó vestirse ni posar elegante en la zona técnica como Jémez. El que no requirió de una hebilla cara para llamar la atención o de los zapatos más costosos del aparador. Al que le daba enteramente lo mismo salir peinado o desaliñado siempre y cuando su equipo brillara en la cancha.

Si se trató de exorcizar demonios, Reynoso logró aniquilar los de Trejo, Carrillo, Romano, Mizrahi, Markarián, Bueno, Boy, Caixinha, Siboldi y los de todos aquellos que intentaron en su momento romper el maleficio que cínicamente se alimentaba del putrefacto olor a fracaso.

Llegó la buena. Por fin lo fue. Como en la vida misma, siempre habrá una que lo sea. A veces tarda en aparecer pero siempre habrá una buena.

Ha sido una linda lección. Todo este desenlace nos ha dejado una gran enseñanza. Que la fe en verdad nunca muere, que todo es posible por impensado que parezca y que ser del Cruz Azul no es para cualquiera; que sólo es para valientes.

Si no se le tiene miedo a Cruz Azul, no se le tendrá miedo a nada.