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@CARLOSLGUERRERO

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¿De quién es culpa?

Cuánta polémica se ha desatado en las últimas horas con el tema Miguel Layún. Y es normal, se han conjugado varios factores para que esto suceda. Las aguas están turbulentas porque de por medio está el América, el equipo más ganador y más generador de sensaciones (para bien o para mal) del País, está Rayados como un actor importante que desde hace tiempo trasciende por poderío económico, presencia y logros y también un factor llamado Layún que es -les guste o no- uno de los personajes más mediáticos del gremio.

Más allá de lo que pueda aportar en la cancha, Layún vende. Es un tipo inteligente que ha logrado expandir su imagen como pocos jugadores en México. Digamos que es una marca registrada. Una marca que ha llegado a otras rutas que, para muchos futbolistas, son intransitables o desconocidas. Layún ha conquistado otro tipo de mercados. Se ha asesorado bien. El futbol para él es un hilo conductor pero no lo que necesariamente mueva todos los hilos de su vida. Ha entendido dónde está parado, sabe exactamente lo que le ha costado, tiene claro cuánto tiempo le queda y qué camino elegir cuando su faceta como jugador haya terminado.

Su regreso al América, aunque polémico, es un ganar-ganar. Ningún actor de los que están en escena pierde. Rayados logra cerrar de buena manera un ciclo con el futbolista, sin deberse absolutamente nada. De esas salidas donde ambas partes se pueden estrechar la mano viéndose de frente y directamente a los ojos. Y ahora, Layún llega a un equipo poderoso, importante y trascendente, vuelve a ese sitio donde irrumpió, creció, donde se consolidó y después emigró para escribir su aventura por Europa.

A sus 32 años, Layún reencontrará el valor y el sabor de portar una nueva camiseta ¡y qué camiseta!

Miguel no está dando un paso al costado o un paso hacia atrás. Como casi siempre ha sucedido en su carrera, da paso firme hacia adelante. Considero que tiene mucho que aportar desde el aspecto competencia, desde la cultura del esfuerzo, desde la entrega, el respeto por las oportunidades y los minutos concedidos.

Eso sí, muy claro deberá tener que con Solari las jerarquías no existen, que son los hombres y no los nombres los que pesan, que los que juegan son los que se encuentran en mejor momento y que no le tiembla la mano para tomar decisiones al instante de conformar el once o de decidir a quién mandar a la grada. Solari no es de los que se toca el corazón.

¿Que si Layún puede todavía aportar? Por supuesto. De entrada promoverá la competencia en al menos dos posiciones distintas. Podrá ser ese elemento comodín para el armado de Solari. Miguel está en esa etapa donde, con toda la madurez adquirida, podrá comprender y ejecutar de la mejor manera las ideas del entrenador en la función que le sea asignada.

Contrario a lo que muchos piensan, me parece que a todos les vendrá bien el cambio.

Acá de nadie es culpa. Mucho menos de Layún.