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@CARLOSLGUERRERO

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Claroscuros

No siempre hay que ir por la vida aferrándose a lo negro o a lo blanco. Las medias tintas, o, en este caso los grises, son también necesarios para encontrar el justo balance en nuestras percepciones. Caminar buscando los extremos o polarizando todo aquello que nos provoca algo, puede resultar contraproducente.

No es bueno pasar de lo grandioso a lo catastrófico sin una escala de por medio. Y eso es justo lo que sucedió con la conversación que se desató, primero con el triunfo de la Selección Olímpica ante Francia y luego, con la derrota frente a Japón.

De la esperanza de una medalla pasamos, en milésimas de segundo, a un caos irreversible y a la nula posibilidad de trascender en Tokyo.

Cabe aquí una de las frases favoritas de los entrenadores. Ni tan buenos en la victoria, ni tan malos en la derrota.

¿Cuál es entonces la verdadera cara de este combinado?

Para responder, no sólo tenemos que analizar lo hecho por los nuestros sino también lo que establecieron los rivales. Francia lució ausente, llegó sin el adaptador de luz para poder obtener algo de brillo. Resultó una versión muy alejada de la propia expectativa. México aprovechó y construyó lazos de gran futbol. Hubo confianza de sobra para destacar en lo individual y colectivo. Noche redonda porque se conjuntaron todos los factores a favor de México.

Japón fue todo lo contrario a Francia. Sabían de memoria hasta las letras más pequeñas de su instructivo. Fieles a su amor por la tecnología, fueron pulcros hasta con los circuitos más diminutos para hacerlos funcionar a la perfección. Operaron de manera asombrosa desactivando cualquier intento de México. No es que únicamente se haya jugado mal o que hayan faltado variantes para desconectarlos. Es que el rival contó y mucho. Japón no otorgó ninguna oportunidad a los de Lozano para que les bajaran el switch.

Sigo pensando que en esa escala de grises, en medio de las tonalidades intermedias, ahí donde no radica la exageración, México sigue teniendo grandes opciones y que es mejor de lo que ha presentado hasta ahora Sudáfrica. Que avanzará a la siguiente ronda y que el tropiezo ante Japón servirá para echarse un clavado obligado en la piscina de la calma, en las aguas donde no se ha ganado nada y donde el chapuzón les abre los ojos a todos. El agua servirá para entender que no podemos colgar medallas antes de tiempo.

Y EN LA ORO

Mismo asunto. Aunque la Selección que comanda Martino jugó por nota, recuperó la memoria y hasta ciertos conceptos finos, no podemos perder de vista lo afectado que llegó Honduras al juego. Frente a Canadá será una buena prueba. De hecho, la verdadera prueba comienza ahora donde el nivel de exigencia crece al doble. Ganar la Copa Oro lleva etiqueta de asignatura obligatoria. Y más, luego de lo sucedido en la Nations League.

Por cierto, sin llevar las cosas al extremo, ¿cuál Selección les agrada más?