@FELIXATLANTE12

miércoles 30 dic. 2020

Este 2020 que termina

2020... ¿el año para olvidar? Veamos:

Termina el año que nos tomó por sorpresa, el que nadie vaticinaba, el que nadie imaginaba y del que nadie se escapó.

El año donde nos acostumbramos a usar algo extraño que llaman "cubrebocas", este nuevo periodo en el que contamos por fin los 20 segundos para lavarnos las manos y el año en que (supuestamente) nos volvimos más limpios. El fin de la década que nos obligó a sobreponernos, a convivir con una pandemia, eso que nos remite a la Peste, la Viruela o la Gripe Española de hace 100 años.

Estos meses en que aprendimos a reír con los ojos, a imaginar el resto de la cara, a poner más atención al escuchar.

2020 ha sido el año que nos igualó en definitiva. Previo al Covid-19, solamente la muerte nos ponía en un mismo nivel. Ni los de mayor higiene, ni los más adinerados, ni los que viven en el norte o en le sur, ni los más pobres, ni los que se encuentran en un rango o en otro. Todos, el virus nos demostró una vez más, a quienes se niegan a aceptarlo, que todos los seres humanos somos iguales.

El año en que las inmunes flora y fauna tomaron venganza sobre el ser humano que tanto les ha destruido.

Fue el año que nos separamos, el que nos unimos de nuevo... el que aprendimos a convivir y el que valoramos nuestra soledad.

El año que enriquecimos aun más a los multimillonarios y que vimos quebrar a los pequeños empresarios... el que valoramos mucho más nuestro trabajo y lamentamos en gran medida a quienes lo perdieron.

El año sin conciertos y con estadios convertidos en esqueletos de la multitud ausente, el de las bodas a medias y el de las graduaciones virtuales.

El año en que por fin se pudo escuchar el lamento en la cancha, la mentada de madre, la burla, el regaño, el reclamo, la indicación, la alerta y hasta los diferentes y variados sonidos del balón. El año en el que el deportista profesional extraña el aplauso, pero también el abucheo y sobre todo la energía del aficionado que tanto influye, afecta y altera.

El año en que por fin dimos reconocimiento a quienes lo merecían desde hace siglos, el tiempo en que abrimos los ojos hacia los trabajadores de la salud y finalmente les convertimos en héroes y en mártires, quienes exponen su vida para salvar la de otro, que podría ser uno mismo.

2020 ha sido el año en que agregamos una casilla, casi siempre incierta, en las estadísticas de cualquier equipo profesional que compite: disponible, lesionado, suspendido y positivo de Covid.

El año en que millones nos contagiamos, dejamos de saborear lo que tanto nos gusta y de oler lo que tanto nos estimula.

El año que aprendimos a besar por Zoom, abrazar por Skype, conocer por Instagram y reír por Tik Tok.

El año en que las oficinas se llenaron de fantasmas.

2020 no fue un año para olvidar, fue para conocer, aprender y poner en práctica de manera cotidiana. Para darnos cuenta que tenemos la capacidad de sobreponernos, de levantar y ser levantados, de querer y ser queridos... de adaptarnos y ser adaptados. Y si acaso así no ha sido, nos queda el 2021 para continuar en el entrenamiento.