@FELIXATLANTE12

miércoles 3 feb. 2021

La identidad en Monterrey

"Nada es más peligroso que una idea, cuando se tiene solo una", escribió el filósofo francés Alain Emile Auguste Chartier, hace más de cien años.

El futbol en la ciudad de Monterrey, me queda claro, se vive de manera muy particular y diferente que en el resto del País.

La pasión, el orgullo y el convencimiento de que el amarillo con azul es más que el azul con blanco, o que las rayas son más que las garras, con los años ha llevado a una rivalidad que no se da tiempo para atender el futbol en el resto del País, porque ni falta les hace.

Hoy Tigres por fin tiene la posibilidad de disputar el Mundial de Clubes, ese que padeció, lloró y aguantó las cuatro veces que su rival participó. La más reciente, en 2019, con resultados altamente satisfactorios para Rayados (algo que en nada gustó a la afición Tigre).

En Monterrey se defiende la identidad, por eso hablemos de la identidad como el conjunto de rasgos propios de un individuo o una comunidad. Hagamos referencia a la identidad como esa característica que nos hace distintos a los demás y nos identifica con algo que estamos de acuerdo y con alguien que piensa de la misma manera. Visto de esta manera, en Monterrey los colores son una forma de vida, sus escudos un orgullo absoluto, y su identidad hacia ambas instituciones, resulta fundamental.

Representar a unos o a otro es irrelevante, más bien quien se quiera sentir representado, debe ser bienvenido en un equipo que participa dentro de una competencia mundial. Recuerdo un texto sobre rivalidades, escrito por Juan Villoro, en el que se refería a los Clásicos en Argentina. Al charlar con un aficionado de la ciudad de Rosario, este le dijo a Juan: "¿Boca o River? No, nada que ver, los de Central y Newell's nos odiamos mucho más". A partir de ahí la representación de una ciudad, o incluso de un País, pasa a segundo término... lo que importa es la identidad.

El peligro de la identidad aparece cuando existe una sola idea, la que nos lleva a afirmar únicamente lo que queremos ver, o lo que nos atemoriza ver, o incluso, peor aun: lo que nos conviene ver.

El que sostiene una sola idea no abre su criterio hacia otra opción, más bien todo lo contrario, se empeña en convencer, o incluso en mantener su idea a costa de cualquier argumento y razonamiento... Para ellos la duda es un trayecto innecesario, no tiene ningún sentido si ya se cuenta con la certeza.

Quien cree en una sola idea se alimenta, se cuida, se protege y se defiende con ella, por ella y para ella.

Lo grave de vivir con una sola idea es someternos a sus caprichos, su poder y su soberbia, que irremediablemente y en algún momento, acabaremos por mostrar.

En Monterrey o en cualquier otra parte, vamos a representar a quien se apunte y vamos a generar motivos para que más y más se sientan atraídos por la identidad que en su momento nos atrapó... pero vamos, también, a tener más ideas y no solamente una, para ser inspiración y no peligro.