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@FELIXATLANTE12

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La incertidumbre de la alineación

La presión por una competencia genera mucha inquietud, y cada uno de los participantes lleva su proceso previo, de manera distinta, para liberar esa tensión siempre intranquila, siempre revolucionada y siempre activa... o para canalizarla de manera positiva en el rendimiento personal durante el partido.

El gran conflicto antes de un encuentro de futbol, radica en que uno sabe que algo sucederá, pero no sabe ni cuándo ni cómo. Ese simple hecho produce ansiedad y un estado de alerta muy desgastante. La función de todos aquellos que se encuentran alrededor del equipo, incluido el cuerpo técnico, es absorber, en la medida de lo posible, la enorme presión que viven los futbolistas, aunque cada uno lo hace a su manera.

Dentro de las distintas funciones de los directores técnicos, hay una que desenmascara mucho su personalidad: el momento que consideran adecuado dar a conocer la alineación.

Hay algunos como Miguel Herrera que no tienen el menor empacho en anunciar su once titular un día antes del partido en la conferencia de prensa, pero hay otros, como Tomás Boy, que aguardan al último minuto posible para dar a conocer, a sus propios jugadores, quiénes han sido los elegidos para saltar al terreno de juego como titulares.

Recientemente Jaime Lozano, director técnico de la Selección Preolímpica Mexicana, reveló que, para tener a todo su plantel en máxima alerta y atención, prefiere no darles a conocer quiénes serán los titulares. De esa manera, dice el Jimmy, todos se preparan por igual.

De acuerdo a mi experiencia, y a lo que puedo percibir de quienes hoy se encuentran en equipos que navegan con la incertidumbre de la alineación, es un desgaste innecesario que, contrario a generar mayor concentración, esa incertidumbre provoca angustia y es lo menos que quiere sentir un futbolista previo a la competencia.

Recuerdo ese estado de tensión en aumento, hora tras hora durante la concentración y, al momento de no escuchar mi nombre en la charla técnica final, sentir una enorme decepción que, sin duda, también podría afectar, en caso de una eventualidad de última hora que lleve a cambiar el plan original.

Es cierto, aquellos que de antemano saben que no van a iniciar el partido, descansan distinto, comen distinto, piensan distinto y hasta digieren distinto. Se puede pensar que caen en el exceso de relajación. Puede darse en algunos casos, pero en mi opinión es posible ejercer mayor atención sobre aquellos que, contrario a sentirse tranquilos, se desentienden, en lugar de proporcionar mayores agentes de tensión sobre un grupo ya de por sí alterado.

A veces los técnicos no pretenden desgastar a sus jugadores, sino simplemente proteger la información para que no existan fugas. Son costumbres de cada entrenador. Lo cierto es que en un balance general, esa incertidumbre afecta más de lo que beneficia a un equipo, simplemente porque la presión y la tensión inquietan, no tranquilizan.