@Faitelson_ESPN

viernes 27 nov. 2020

El Diego es eterno...

Debe ser una mentira...

Puede que Maradona haya muerto, pero, el Diego, el Diego no, no... El Diego sigue vivo, está vivo, seguirá vivo mientras el balón corra por el campo de juego y mientras su sonrisa perdure...

No, es una mentira...

Puede que Maradona haya muerto...

Diego, no, no... El Diego es eterno...

¿Qué fue lo que finalmente lo inmortalizó?

¿Aquel gol ante los ingleses que estaba salpicado de intenciones políticas? ¿O quizá fue "La Mano de Dios" que le dio la vuelta al mundo, incluso para algunos, como una trampa? O, tal vez, fue su destreza con el balón en los pies... Su velocidad... Su fuerza física... Su cambio de ritmo... Su avanzada inteligencia... Su capacidad para ver lo que otros de sus colegas no alcanzaban a dimensionar en el terreno de juego... Su pierna zurda privilegiada. Su personalidad, su liderazgo en el vestidor y sobre el césped... ¿Qué fue lo que te hizo diferente a los demás, Diego?

Hay algo que marcaba una diferencia: la forma en que vivía y sentía el juego... Diego era un aficionado convertido en futbolista. Se apasionaba más que nadie. Su corazón, ese que dejó de palpitar el miércoles en Tigre, latía justo al acelerado ritmo que requería la tribuna. El futbol nunca había conocido a un jugador tan comprometido con su profesión, con la cancha, con el juego, con sus compañeros y con lo que le rodeaba, el pueblo, su pueblo...

"A Boca le juego gratis", vociferó en alguna ocasión cuando, en apariencia, no había dinero en el club xeneize para pagar su contrato. "Soy más napolitano que argentino", les dijo a los italianos del sur mientras llevaba al equipo a la inusitada conquista de un título europeo.

La pelota no se mancha... Drogas, alcohol, mujeres, comida, excesos. Dicen que Maradona conoció la "mala vida" cuando jugaba en el Barcelona. Siempre tuvo "amigos", por llamarle de alguna forma, que estaban dispuestos a satisfacerle. Se le critico por su relación con el régimen de Fidel Castro, pero habrá que decir que fue el líder cubano el único que levantó la mano y le abrió las puertas a la medicina y a la ciencia de la isla para tratar de recuperarlo. Al final, el paciente pudo más que los médicos.

Y es que Maradona se daba tiempo de traicionar a Diego... Y Diego volteaba y le decía: "Haces mal, por ahí no va, che..." Y Maradona no hacia caso... Se hundía en el iracundo mundo de los excesos... La alegría de la cancha se convertía en un tormento fuera de ella. No había, nunca hubo un descanso para Maradona...

"Para él, dejar el balón, salir del campo de juego, se había convertido en todo un martirio", cuenta el también campeón mundial argentino, Mario Alberto Kempes.

"Tango triste

Y fuiste tu el que alegró mi soledad

Quien transformó en locura mi pasión y mi ternura

Y en horror mis horas mansas

Tu, mi tango triste, fuiste tu".

Y es mentira...

Puede que Maradona haya muerto...

Diego, no, no, el Diego vive, el Diego es y será eterno...