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@Faitelson_ESPN

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Balón desinflado

La pregunta debe ser ¿en qué momento el futbol mexicano empezará a resentir las consecuencias de sus propios actos? Abolir el ascenso y el descenso tendrá forzosamente un "precio" qué pagar. ¿Cuándo, cómo y dónde serán esas repercusiones?

Debo advertir, por si las dudas, que esto, de ninguna manera, pretende ser una tesis de "economía neoliberalista", pero el nuevo orden que plantea el futbol mexicano podría estar acabando con una clase esencial en el desarrollo y la competencia del espectáculo profesional. La "clase media".

Sin ascenso y sin descenso, el "balón se desinfla", pero no entre los grandes contendientes. El balón se "afloja" y "sufre" de la mitad hacia abajo de la tabla de competencia. La cuestión es que todos juegan contra todos. Indirectamente, esos clubes grandes que, por necesidad y hasta por naturaleza, siguen manteniendo un estatus competitivo, afrontan a aquellos que podrían caer en una zona de confort o relajación y la competencia, por ende, pierde tensión o nivel.

Para los que están obligados a competir por el título, las cosas cambian poco. Rayados acaba de convertir a Javier Aguirre en el entrenador mejor pagado en la historia del futbol mexicano y Tigres, alistando maletas para el Mundial de Clubes, ha generado una dupla que puede marcar una época con Gignac y Carlos González. El León se ha reforzado con un par de futbolistas que pueden apuntalar aun más su peso como campeón.

El América ha traído un director de "aromas europeos". Chivas ha recuperado a futbolistas que tenía prestados y con Peláez y Vucetich tiene una de las estructuras futbolísticas más sólidas de los últimos tiempos. Cruz Azul va a seguir insistiendo en encontrar el camino del éxito y Pumas, bien que mal, se las arreglará para mantenerse en un estado sano y competitivo.

Lo mismo hará Toluca, que ha comenzado con triunfo en el regreso de Cristante, el Pachuca, que depende de una gran estructura e infraestructura y hasta Xolos y Santos que han transformado sus nóminas y que siempre parecen dispuestos a probar nuevas fórmulas.

El problema nunca ha estado en los "de arriba". El problema viene entre "los medianos" y llega hasta los más "desprotegidos". Es ahí donde el futbol mexicano va a encontrar, tarde que temprano, las primeras secuelas de una decisión amparada más en cuestiones económicas que en las futbolísticas. Es verdad que existe una multa económica (120 millones de pesos para el último, 70 para el penúltimo y 50 para el antepenúltimo) en la Tabla de Cocientes, pero esa "pérdida" es burlesca en comparación al precio económico y moral que significaba perder la categoría en el campo de juego. El futbol mexicano ha socavado "el miedo" -convertido en reto- que enfrentaban todos -grandes, medianos y pequeños- de meterse problemas de descenso y ha acabado con la ilusión de otros por llegar a jugar en la máxima categoría posible. Sin esa "presión", el balón terminará desinflándose.

La pregunta es ¿dónde, cómo, cuándo?