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@Faitelson_ESPN

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Tengo 'miedo'...

Confieso que me tiemblan las manos frente a la computadora. No estoy listo para decirlo y no se trata de respeto.

Durante años, he entendido que irrespetar la historia y la leyenda es parte de nuestro trabajo. Aquí la única razón que se interpone es una realidad, única y tajante. No tengo el valor de decirlo. Ni Tom Brady es el mejor deportista de todos los tiempos ni André-pierre Gignac puede ser el mejor futbolista que jamás haya jugado en México. Lo mío es un tema de "miedo". Y... ¿lo suyo?

Despertamos el lunes dispuestos a tomar con decisión y, también, con cierta valentía, la necesidad de una "sociedad" -una sociedad de aficionados al deporte, claro- urgida de esa clase de sentencias. "El mejor de esto, el mejor de aquello", como si ello fuese una prueba inequívoca de defender a nuestra generación, de proteger lo que sentimos nuestro, de cuidar a aquel o a este personaje porque fue capaz de alterar nuestros sentidos y ofrecernos lo que, al final del día, casi todos buscamos en la emoción y en la propia adrenalina que produce el deporte.

La historia de Tom Brady no tiene desperdicio alguno. Ha llevado su calidad y su inteligencia a un grado superlativo. Ganar siete Super Bowls y mantenerse en un estado totalmente competitivo a los 43 años es algo que la historia del deporte guardará en sus anales más sagrados.

El domingo, cuando el juego todavía no terminaba -aunque el marcador ya lo sentenciaba- parecía urgente darle un sitio entre los mejores atletas de la historia del deporte. Y sí, estoy totalmente de acuerdo en que pertenece a esa conversación, junto a otros de esta misma generación y, por qué no, también de otras generaciones: Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Pelé, Maradona, Jordan, LeBron, Federer, Nadal, Phelps, Bolt, Ali y otros más. Brady esta ahí. Se lo ha ganado.

El paso de André-pierre Gignac por el futbol mexicano es un cuento de éxito rotundo. Lo que ha logrado en sus "apenas" casi seis años en la Liga MX es fantástico. Hay un antes y un después del futbolista francés en la historia de Tigres y, sin duda, su nombre merece colocarse entre los mejores futbolistas que han venido a jugar a México y, por ende, en uno de los mejores de todos los tiempos de la Liga MX.

Nadie tiene duda de lo que Gignac ha logrado en su paso por nuestro futbol. Ya no es un "futbolista más". Tiene un sitio de privilegio, entre nombres como el de Carlos Reinoso, Miguel Marín, José Cardozo, Evanivaldo Castro "Cabinho", Aguinaga y algunos más.

La nueva gloria de Brady en el Super Bowl y los goles de Gignac en el Mundial de Clubes alentaron la idea -en las redes sociales, ¿en dónde más?- de nombrar a uno como el mejor atleta de la historia en el deporte y al otro como el mejor futbolista que ha jugado en México. Y aquí es donde me empiezan a temblar las manos y donde aparece una línea de sudor que desciende desde mi frente.

No lo sé, de lo que sí estamos convencidos o seguros casi todos es que tanto Brady como Gignac tienen todo el derecho de estar dentro de esta conversación, pero yo podría emprender diciendo que el Brady no puede ser el mejor deportista de la historia porque, para empezar, juega un deporte que sólo se práctica en los Estados Unidos. Y que la explosión de Gignac en México ha sido vertiginosa y todavía lejana a la época, a la profundidad y a la trascendencia que otros han marcado en el futbol mexicano.

Poner en duda la universalidad de la disciplina que práctica Brady y la carencia de tiempo en la carrera mexicana de Gignac son sólo dos de muchos pretextos que seguramente encontraré para cubrir mi temor.

La realidad, querido lector, es que tengo miedo y que por miedo prefiero dejar este "juicio" de lado y dedicarme a disfrutar lo mucho o poco que les queda a dos brillantes exponentes de nuestra generación y de todas las generaciones. Por más domingos como el de Brady y el de Gignac...