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@Faitelson_ESPN

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Azul

La vida siempre irónica, satírica y hasta hiriente de Cruz Azul: ganándolo todo, no ha ganado nada...

Imposible sustraerse de la temporada que establece el Cruz Azul en el futbol mexicano. Con cierta oposición del América que parece desvanecerse en la recta final, ha sido, por mucho, un torneo de tintes azules: el más efectivo y el que mejor juega. Aun así, Cruz Azul sabe que lo único que realmente cuenta para ellos está por llegar.

Pero, si hace apenas algunos meses, hacíamos "trizas" a los futbolistas de Cruz Azul tras otro episodio inaceptable y vergonzoso de su pasaje por las instancias finales en las últimas dos décadas, hoy habrá que reconocer su valía y lo que han entregado semana a semana en las canchas.

Las estadísticas no mienten cuando se refieren a este Cruz Azul. Un equipo dinámico, equilibrado, el que menos goles recibe -apenas 10 en 15 fechas- y uno de los que más anota -25, sólo por debajo del Toluca-. Tiene en el uruguayo Jonathan Rodríguez al futbolista más determinante de la Liga MX. Junto a él, lo que parece sobrar son jugadores talentosos y experimentados. Nadie tiene ni el más mínimo reclamo a la temporada que ha planteado este club. Cruz Azul llegará -nuevamente- como el gran candidato a ser campeón. Eso, sin embargo, no basta.

Y Juan Reynoso lo sabe. El peruano conoce, desde el principio, las "reglas" y las "necesidades" que tiene este club. Un entrenador que, increíblemente, no llegó como la primera y quizá tampoco como la segunda opción de la institución y que ha logrado uno de los trabajos más impresionantes en la historia de los torneos cortos del futbol mexicano.

Reynoso ha sido "el recuperador" de las últimas heridas que sufrió este plantel. Tomó un equipo abatido, contrariado, enojado con todos por la crítica de los aficionados, del periodismo y hasta de su propia directiva. Un equipo molesto hasta consigo mismo. ¿Y qué hizo Reynoso? Unir, no separar, adherir las penas y las necesidades de cada uno de los seres humanos que juega vestido de azul y ponerle al servicio del grupo.

El ex zaguero central sabía que, futbolísticamente hablando, este equipo había respondido en la era Siboldi y también en la de Caixinha. Que había que hurgar más en la mente y en el corazón que en las piernas de cada uno de ellos. Y lo hizo. Con calma, con humildad, con inteligencia. Se ganó el respeto de sus jugadores y les hizo creer que en el futbol como en la vida hay revanchas.

Ellos tendrían que buscar la suya, pero, no como una necesidad de venganza, de rencor y tampoco acallar la boca de los que están a su alrededor, sino para satisfacer sus propias necesidades. Reynoso los convenció a todos de que ese era el camino. Unos meses más tarde, la tabla general no muestra la principal característica de este equipo. Lo que ocurre en el autobús, en el vestidor, en la mesa del desayuno, en las charlas del lobby podría estar por encima de todo.

"¿Qué tan recuperado está el equipo de lo que sucedió en las Semifinales del torneo anterior?", le pregunté a Reynoso hace algunas semanas.

"Ahí vamos. Todavía estamos trabajando en ello. Vamos a estar bien...".

La vida de Cruz Azul en este siglo es una vida insensata. Siendo el mejor, no puede gritarlo, debe contenerse y esperar a que llegue el "día de la liberación" absoluta de todos sus temores y resquebrajos. Y es que, aun ganándolo todo, no ha ganado todavía...