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@Faitelson_ESPN

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Un bálsamo de esperanza...

La realidad es que México ha sufrido su segundo gran fracaso -el primero fue aquel 0-4 con Argentina en San Antonio- en la era de Gerardo Martino. Y es que perder con Estados Unidos no es nada recomendable para una Selección Mexicana de futbol.

Y aunque es verdad que el juego atravesó por circunstancias diversas -decisiones arbitrales controversiales, errores defensivos- tampoco podemos tapar el sol con un dedo. Estados Unidos tiene una gran generación futbolística, cargada de juventud, velocidad, explosividad y talento. Ellos están preparándose para esto y el futbol mexicano debe verle como un beneficio, para elevar la calidad del área y para mejorar mutuamente. Un mayor nivel del incomodo vecino debe conducirte a esforzarte para vencerle y por ende a mejorar tus propias condiciones. Es la única forma de verlo.

La final de la Liga de las Naciones de la Concacaf tuvo de todo, lo más importante, es que generó emociones y fue, al final del día, un gran espectáculo para los aficionados. Y hablando de aficionados, aquellos que tuvieron la fortuna de estar en el estadio, ofrecieron -algunos de ellos- un espectáculo terrible, infame, vergonzoso. Desde insistir con el grito homofóbico y hasta tirar cualquier cantidad de proyectiles y basura al campo de juego.

Volviendo a la cancha, creo que México fue mejor por muchos momentos del partido. Tuvo el control, la posesión del balón y generó el mayor peligro en la portería estadounidense. Hubo graves desatenciones defensivas en jugadas a balón parado. Cada tiro de esquina estadounidense era síntoma de peligro para Guillermo Ochoa. Ello es una muestra de la falta de entendimiento y de trabajo en la zaga. Hacia adelante, ponderaría las intenciones iniciales de Martino de jugar por primera vez con "El Chucky" Lozano, "El Tecatito" Corona y Uriel Antuna y, sin duda, la irrupción de Diego Lainez, que corrobora que sigue siendo el proyecto más atrevido a futuro de un futbolista mexicano. Y no se trata de mentir. Nadie puede asegurar que, con Javier Hernández en la cancha, el resultado del juego del domingo hubiese sido diferente.

Y en cuanto al arbitraje, severamente criticado por la televisión y por las redes sociales, creo que fue malo, pero parejo. El árbitro panameño se equivoco en los varios señalamientos. Para mi, no había penalti que marcar en ninguno de los dos que se otorgaron en el tiempo extra y, siendo sinceros, Héctor Herrera "jugo de gratis" en la parte final del partido. Tenía que haber sido expulsado.

Estados Unidos comenzó el juego con una alineación donde 10 de los 11 jugaban en territorio europeo. Ellos han visto, justamente, lo que en su momento señalaba Hugo Sánchez: "Mientras más futbolistas jueguen en las mejores ligas del mundo, más fácil será acercarnos a las grandes potencias".

Y no solo eso. La alineación estadounidense contaba con futbolistas procedentes de clubes y ligas de primer nivel: el Chelsea, la Juventus, el Barcelona, Manchester City, Borussia Dortmund y luego, el Werder Bremen, el Galatasaray, el Genk, el Wolfsburgo, el Fulham, el Leipzig, el Brujas, el Young Boys, el Boavista o el Lille.

Finalmente, un bálsamo de esperanza en la Concacaf. El nivel estadounidense se ha elevado y promete seguir elevándose y eso es bueno para la competencia, para el espectáculo y también para México. ¿De que te sirve que tu "vecino" futbolístico no te represente un reto?