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@Faitelson_ESPN

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Eriksen: 'Corazón valiente'...

El futbolista que murió y nació en la misma cancha de futbol...

Nadie lo narra mejor que Morten Boesen, el médico de la selección danesa: "Christian 'se fue'. Hicimos una reanimación cardíaca y lo recuperamos después de una desfibrilación. Está despierto, responde de forma relevante y el corazón le late...".

Es una fresca tarde de comienzos de verano no muy lejos de los Jardines de Tivoli. Los cantos y los gritos del Parken Stadion se han detenido de forma abrupta. Sobre el corredor izquierdo de la cancha, los jugadores de la selección danesa forman una especie de escudo, para proteger la intimidad de su compañero. Los rivales finlandeses se han retirado a su banca. El capitán danés Simon Kjaer apenas y ha sacado sus manos de la cavidad bucal de Christian Eriksen para evitar que se tragara su propia lengua, cuando ya corría al otro extremo de la cancha para abrazar y consolar la esposa de su compañero. El silencio invadía a casi todo Copenhague y al tiempo que las pulsaciones de Eriksen se detenían, las del resto del mundo, que lo veía por televisión y que reaccionaba por las redes sociales, se aceleraban de forma dramática. No sólo el corazón de Eriksen se había detenido.

Las muertes súbitas en el futbol, en el deporte y en la vida de personas que no son atletas de alto rendimiento, han existido y seguirán existiendo, pero de alguna u otra forma, el incidente en el Dinamarca-Finlandia del inicio de la Eurocopa puede enviar un mensaje de advertencia a las autoridades futbolísticas internacionales. El abuso, el exceso de los calendarios pudo tener algún tipo de impacto en el futbolista. Los calendarios se han sobrecargado en búsqueda de recuperar el tiempo y el dinero perdido por el impacto de la pandemia. Las Ligas, las confederaciones y la propia FIFA no tiene saciedad: más juegos, más patrocinadores, más anuncios, más televisión, más negocios y también más metros y kilómetros de recorrido en las piernas del jugador de futbol.

También, es una buena oportunidad para revisar si todos los estadios y Ligas del mundo cuentan con un protocolo adecuado para cuando algún futbolista se desvanezca o tenga un episodio cardíaco o si existen los desfibriladores y médicos independientes a los clubes para atender al futbolista.

Otro tema que ha sido evidente es la reacción del mundo, hoy, claramente medido en las redes sociales. El impacto ha sido también dramático al pedir y rezar por la recuperación del futbolista. Había prisa por hacer conjeturas. Una fotografía bastaba. Una mueca o una expresión alimentaba el morbo. Me queda claro que, como humanidad, somos extraños. Implorábamos, casi exigíamos que las imágenes dramáticas del sábado en Dinamarca se embargaran porque un futbolista perdía el conocimiento y se desplomaba en una cancha, pero somos felices y aplaudimos la violencia que genera el boxeo y la artes marciales mixtas. En fin.

Nadie paga un boleto para el estadio o enciende la televisión para presenciar cómo un futbolista se derrumba en pleno juego, pero el corazón no tiene "palabra de honor" y los accidentes existen. El sábado, en Copenhague, hemos sido testigos de algo inaudito: cómo un futbolista murió y nació en el mismo campo de juego.