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@Faitelson_ESPN

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¿Aquí nos tocó jugar?

Mi pregunta es ¿aquí nos tocó jugar o aquí estamos cómodos jugando?

Y mientras usted piensa en qué debe responder a esa interrogante, el futbol mexicano se apresta para jugar al "morbo" en las siguientes semanas. Es la única motivación que tiene esta Copa Oro, donde la Selección Mexicana tendrá poca o casi ninguna recompensa por ganar, pero afrontará todo el peso de la crítica si es que tropieza y no es capaz de vencer. México no juega contra Trinidad, contra Curazao o contra El Salvador. Juega contra el morbo.

La crítica esta garantizada. Y qué bueno, por un lado, que se ejerza cierta presión para un futbol acostumbrado a jugar en su zona de confort, en la pobreza de su nivel geográfico futbolístico y bajo la eterna cantaleta y justificación de que "aquí nos tocó jugar" y nos "jodemos". No, alguien tiene que sacarles de un cómodo entorno donde, desde que se juega a visita recíproca, México no falta a los Mundiales y donde, según algunas teorías, se ha fincado y se ha establecido el atraso y hasta retroceso del desarrollo de este futbol.

No hay demasiado que buscar en la Copa Oro, si acaso, que Gerardo Martino reafirme las condiciones de un equipo que, desde septiembre, buscará el boleto al Mundial de Qatar y que ponga en marcha el movimiento, hasta ahora, más atrevido de su gestión: el llamado del futbolista argentino naturalizado mexicano Rogelio Funes Mori en aparente perjuicio del histórico delantero de la Selección Mexicana, Javier El "Chicharito" Hernández. Y hasta en ese aspecto, existe y prevalece el morbo de saber cuántos goles será capaz de meterle el portentoso delantero de Rayados a las pobres defensivas de los equipos centroamericanos y caribeños.

La Copa Oro, más que un torneo competitivo de interés futbolístico, es un negocio. La Concacaf ya ha anunciado que el boletaje para el juego final del certamen, en 1 de agosto en el nuevo estadio de Las Vegas, esta totalmente agotado. Es, también, una forma de reabrir la cortina que durante la pandemia estuvo cerrada y recuperar la economía del área.

Es una mentira de nuestros dirigentes y de los dirigentes de la Concacaf el hecho de que estés obligado a competir en esta zona. México ya salió de aquí y probó que puede tratar de jugar y competir en un futbol de mayores dimensiones. Volvió a los brazos de la Concacaf para seguir siendo amamantado por el "elixir sagrado" de la seguridad y de la economía que le genera esta zona. Aquí, el futbol mexicano, no corre ningún riesgo y sirve para alimentar la poderosa maquinaria de su industria, de un futbol que siempre se pinta en los colores verdes -no los tradicionales de la Selección- sino el de los dólares que marcan su presente y su futuro.

El negocio está por encima de todo en nuestro futbol. Mientras no exista un equilibrio, seguiremos siendo parte de este círculo virtuoso -para los dueños del balón- y penoso -para los aficionados que quieren que nuestro juego y que nuestra Selección crezca a los mayores niveles-.

¿Aquí nos toco jugar o aquí estamos cómodos y tranquilos, con una Copa Oro de bajísimo nivel, ante Selecciones paupérrimas en calidad y, con la seguridad, de que el público hispano de Estados Unidos consumirá cualquier tipo de futbol y generará los ingresos necesarios? ¿Aquí nos toco jugar o aquí nos sentimos seguros y tranquilos?