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@FJG_TD

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El periodismo recibe otro gol

A estas alturas del año durante los últimos treinta, sale a luz la publicación del libro "The Best American Sports Writing".

Cada mes de diciembre, una serie iniciada en 1991 por Glenn Stout como editor y un invitado anual que se encarga de recibir y curar cada uno de los textos que serán parte del libro, permiten tener a la mano una selección de las mejores piezas escritas en uno de los países que mejor saben hacerlo: Estados Unidos.

El prólogo de la edición correspondiente al 2020 contiene una pésima noticia que es al mismo tiempo un obituario: es la última vez que se publica.

Esto quiere decir que no habrá una pieza más de las 750 que han desfilado en la serie, en la que han sido distinguidas 400 plumas.

Todas ellas han sido publicadas en idioma inglés, y en medios impresos -o digitales en los últimos tiempos- de Estados Unidos o Canadá.

Pese a que la memoria es mala consejera, podría asegurarse que la primera vez que es seleccionada una pieza sobre el deporte mexicano es precisamente en la publicación final del libro: "Mientras la frontera sangra, Juárez observaba el partido que esperó durante nueve años", escrita por Roberto José Andrade Franco para Deadspin.

Mas allá del lamento personal porque se termina una colección completada en un anaquel de casa a través del tiempo, hay uno más preocupante que comparte Jackie MacMullan, la editora de libro de este año.

La pandemia ha arrasado con muchas cosas y casi todas son de lamentación diferida: tardaremos mucho en saber exactamente todo lo que se ha perdido, además de la gente cuya vida fue arrebatada.

Nuestra cultura, la manera de hacer nuestro trabajo y la calidad de nuestras vidas -dice MacMullan- serán evaluadas por el tiempo.

Sin embargo el extravío de varias herramientas indispensables para hacer buen periodismo había sucedido desde antes.

El acceso a vestidores después de un partido o las entrevista uno a uno con los grandes personajes del deporte quedaron suspendidas por las medidas de sanidad, pero también porque hoy, muchos de ellos sienten que con tener sus propios canales de comunicación y sus "marcas" -así, entre comillas- les es suficiente para sustituir a las grandes plumas que cuentan sus historias, contextualizan su presente y dan dimensión correcta a su pasado.

Nuestros medios, atendiendo a las demandas de un sesgado análisis de sus consumidores, en general tienen prisa, poco espacio y escasos recursos para ir un poco más allá de la declaración del día o la polémica de moda.

Hacer lo contrario es remar contra la corriente del grito, el "show" y la inmediatez. Nunca antes fuimos tan triviales ni nuestra vocación tan amenazada.

La desaparición de la serie referida es un mensaje que hace mayor aún el luto irremediable de un año asqueroso.