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@FJG_TD

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Irle al Atlas

La otra noche soñé que era un fan del Atlas y me desperté con escalofríos.

Me preguntaba en la mitad de la madrugada por qué alguien merecería tanto castigo pese a la fidelidad a un club del que emocionalmente no se puede separar: al Atlas se le va, aunque pierda.

El equipo rojinegro se ha acostumbrado a mal vivir en los peores lugares de la tabla: su posición más honorable en los últimos seis torneos es la decimotercera.

Los nombres de los jugadores surgidos de su cantera son aun más intrascendentes que sus logros, y la mayoría de sus refuerzos extranjeros han sido una calamidad absolutamente olvidable.

El Atlas tiene muchos años de descuido: desde que fue embargado su autobús por impago de impuestos, hasta un salvamento administrativo de TV Azteca que destruyó más lo poco que tenía por falta de interés e inversión.

Verle otra vez este torneo en el fondo de la tabla sin puntos después de tres partidos y sin haber marcado un solo gol es consecuencia inconfundible de su pasado inmediato.

Las pedradas golpean con fuerza el tejado atlista.

Sin embargo, el plan con los rojinegros es de auténtico rescate por parte de Grupo Orlegui, que con Santos Laguna encontró un buen camino pese a las dificultades que ha enfrentado.

Dicho grupo encontró al Atlas con las bendiciones de una población leal, en una tierra futbolera por abolengo y con el poder económico que tiene una de las capitales más importantes del País.

El problema es que el club carece de la infraestructura indispensable para producir futbolistas que proyectar y luego vender, resultados que le avalen en los últimos años y posibilidad financiera para resolver todo en el corto plazo.

Cuando se dejó de construir durante tanto tiempo, la solución a todos los problemas no puede ser inmediata.

Al plantel atlista le está pasando algo similar a lo que Cruz Azul no se ha podido quitar de encima: una mala fortuna que decide acompañarlos a todos lados.

Pero hay una diferencia sustancial entre uno y otro: mientras a La Máquina le han sobrado los recursos, a los zorros les ha tocado batallar cada vez con menos de ellos, hasta el arribo del actual grupo directivo.

Empresarios que decidan invertir en el futbol y que además tengan ideas claras no se consiguen en el Aviso oportuno.

Ese fan atlista que soporta las pesadillas y sigue resistiendo, debe saber que aunque parezca imposible, un día se revertirán las burlas y las humillaciones para volver a ser el equipo competitivo que merecen y hace años no gozan.

Pero hay que poner otra vez nuevos cimientos que respeten su ADN formativo, de su añorado tipo de juego y de la clase de futbolistas que lo deben representar.

Hoy existe alguien que se está ocupando de ello y no piensa rendirse.

Lo demás que se diga sobre el asunto es un invento.