@FJG_TD

lunes 1 feb. 2021

A puño limpio

En este deporte se dan y reciben golpes constantemente.

Sobre todo los más experimentados están curtidos de tal manera que los que reciben en su mandíbula, en su tronco, en su corazón, causan dolor hasta el día siguiente.

La sangre no asusta porque es parte del negocio de quienes se meten a esto aunque el paso del tiempo hace pagar más caras las facturas acumuladas.

Pese a todo, esta vez había un sabor agridulce por tener que presentarse en ese escenario ingrato que pareció darle uno de los golpes más recientes e injustos de su vida.

Algo vio el réferi aquella noche, que paró la pelea, cuando él ni siquiera se había sentido amenazado.

De hecho, pensó que la iba ganando cuando lo descalificaron en toda la extensión en que alguien puede ser descalificado.

Así que el nuevo combate le ponía enfrente un rival conocido más rápido, joven y virtuoso aunque ciertamente con una carencia importante: la poca contundencia que le hace dilatado conseguir algunas de sus victorias.

Había entonces que sorprenderlo y esa fue la estrategia: írsele encima desde el el primer momento sin dejarlo reaccionar.

El primer golpe mandó al adversario a la lona, el segundo lo volvió a tumbar y entre uno y otro, un volado le pasó rozando.

Toda la dinamita puesta en juego, toda la energía guardada para dejar aturdido al favorito contrincante, no lo noquearon pero sí lo dejaron herido.

Faltaba mucho para llegar al último asalto, más de media pelea, pero las piernas resentían el esfuerzo del embate y había que administrarlas.

Con ventaja en las tarjetas, acomodó entonces la espalda en las cuerdas y cerró la guardia para que el acoso que habría de resistir le hiciera el menor daño posible.

Lo hizo valientemente y seguro de sus posibilidades: resistir, resistir, resistir..y tal vez contragolpear en un descuido para hacer lo que Chávez a Meldrick Taylor en esa memorable función de los mejores tiempos.

Ensució la pelea, se aferró a lo básico de la defensa y por no poder cruzar ese último golpe definitivo, recibió tal castigo cerca del final que le hizo temer lo peor: que se esfumara el triunfo más deseado.

La falta de contundencia del adversario ayudó, pero finalmente no corrió demasiados riesgos. Controló todo a su manera y terminó ganando en ese terreno enemigo que antes era suyo.

Dejó en el vestidor un recado con sus cordiales saludos porque aunque se le jugó rudo en aquella ocasión recién vengada, ni en los peores episodios ha perdido la compostura.

Luis Fernando Tena se dio uno de esos gustos que llenan el paladar.

Su salida de Chivas el torneo pasado fue inesperada, injusta e innecesaria y aunque es un caballero, sabe que la miel de ciertas victorias hace menos dolorosas las heridas más profundas.

Porque hay golpes que ni los más curtidos pueden olvidar.