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@FJG_TD

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Un grito en el desierto

Buscamos la gloria intentando ser triunfadores fuera de casa porque no lo hemos podido demostrar desde dentro de ella, dado que la Liga MX no trasciende mas allá de Estados Unidos y Centroamérica.

Hay partidos apasionantes, capítulos inolvidables como el remate de un portero que le da la vuelta en el último minuto a una Final definida, otra con un regreso increíble de Pumas a la pelea ante los Tigres del entonces recién estrenado Gignac o una remontada de un 0-4 que los propios Pumas convirtieron en hazaña.

El futbol mexicano tiene grandes historias que contar, pero no hay quien las escuche porque al resto del mundo no le interesan.

Pese a que la Selección vuelve a estar entre los diez primeros lugares del ranking de FIFA y no obstante haber organizado dos Copas de mundo, se sigue viendo al de México como un futbol exótico.

El quinto partido es uno de los sueños mexicanos, solamente superado por conseguir la vacuna y salir de la eterna crisis en que vivimos desde el día de nuestro nacimiento.

Y lo es porque siendo menos importante que todo lo demás, en el futbol queremos reflejarnos, sentirnos capaces de vencer un día al más pintado y recibir el crédito que desde el origen se nos suele negar pese a tener mentes brillantes en diversos campos.

Esa necesidad de reconocimiento tendrá que ver con una auto estima a veces tan necesitada que se hace un lío de aquellos cuando Guido Pizarro dice que los Tigres no representan a México.

Le ponemos banderas al comentario, lo hacemos sonoro, nos enojamos sin que lo dicho sea más que un punto de vista obtuso e inofensivo; abundan las vestiduras rasgadas y las heridas, antes aun de que inicie una batalla que es simplemente futbolística.

Así que hoy antes de que raye el mediodía sabremos si Tigres venció al exótico rival coreano -haciendo espejo con lo que ellos pensarán también del adversario- y se encamina a la Semifinal contra el Palmeiras, campeón de la Libertadores tras una final infumable e irremediablemente olvidable jugada contra el Santos de Brasil el sábado pasado.

La única manera de conseguir prestigio en el deporte es arrebatándoselo al que lo tiene, y Tigres tiene una de esas escasas oportunidades de gritar en esa escena internacional, a la que siendo sinceros, hoy le somos absolutamente prescindibles.

Tigres, en eso, si que lleva una representación, le guste o no: la de hacer que la gente en todo México, se sepa un poco reivindicada, apreciada, vencedora. O por lo menos que reciba una buena noticia.

Para el ánimo sería obligado hoy y refrescante el domingo un triunfo de Tigres.

Nos haría olvidar un par de horas que en la tabla de la pandemia estamos en penúltimo lugar mundial y que si hubiera descenso, ni con multa la librábamos.

Tigres puede hacernos un buen regalo.