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lunes 22 feb. 2021

Las Águilas se atreven

Entre los tesoros personales que conservo a través del tiempo, existe un boleto del Estadio Azteca con fecha de noviembre de 1973.

Un partido que pudo ser intrascendente, de un torneo copero que sucedía mientras la Selección Nacional jugaba en Haití la Eliminatoria más ignominiosa de la historia, no hubiera tenido por qué ser recordado.

Pero ocurre que esa noche, desde la tribuna preferente que costaba seis pesos, el América cobró un penal de la manera más inverosímil: en dos toques.

Los involucrados en esa ejecución fueron Carlos Reinoso y Mario "Pichojos" Pérez, compadres por cierto, y la confusión que generaron en el penal fallido no fue solamente al enemigo -los Diablos Blancos de Torreón- sino a la grada entera.

¿Por qué cabeza cruzó la idea de cobrar así?

En el vestidor, José Antonio Roca, forjador de un América espectacular, declaró que del equipo tenía que hablarse y eso iba a suceder con ese penal.

Contador público de formación, ortodoxo y disciplinado hasta decir no más, pero al mismo tiempo arriesgado y audaz, aplaudió el intento de sus dos futbolistas.

Ricardo Salazar, mago de las estadísticas, me recuerda que la falla no tuvo consecuencias: los entonces Canarios ganaron 1-0 con autogol de Óscar Rolando Pierucci en esa primera jornada y terminaron coronándose en una Final memorable contra Cruz Azul.

Casi 50 años después, el propio América ejecutó un penal de la misma manera, pero con una diferencia: este si lo anotó.

Es una pena que nadie vaya a guardar su entrada para recordar el suceso en el año 2068 porque la pandemia no permite entrar a los estadios y por lo tanto no se ponen boletos a la venta. Pero se trata, indudablemente, de un hecho excéntrico, excepcional... y sujeto a ser recordado por mucho tiempo.

Es verdad que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta, pero que en una pena máxima también hay otro factor importante: el del engaño.

Y Camilo Vargas, con toda su experiencia, no pudo evitar ese gol de inusitada escala.

No es factible que este método se ponga de moda porque los goles hay que asegurarlos en lo posible y esta no fue la mejor manera de hacerlo.

Pero más allá de lo que dice el librito, el América intentó -y logró- algo diferente, audaz y polémico que no le hace daño a nadie.

La Liga MX incrementa su interés y las Águilas ponen en la mesa un nuevo tema de conversación en el que los puristas chocan con los audaces.

Si el Atlas gana la protesta por alineación indebida de Viñas como ya anunció que intentará o si termina perdiendo en la mesa lo que dejó ir en la cancha, es tema aparte.

América, que intenta recuperar brillo, siembra un brillante en el terreno que -seguro- fue entrenado antes de la puesta en escena.

Usted, ¿se lo reclama o se lo agradece?