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@FJG_TD

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El infierno y la gloria

La última vez que se habían visto Chivas y América, la vida le sonreía al Rebaño.

Víctor Manuel Vucetich había logrado darle un sello poderoso a su equipo, que venció a su máximo adversario dos veces en la más reciente Liguilla porque fue mejor y lo demostró de manera fehaciente.

En Coapa sucedieron desde entonces más cosas que en Verde Valle, pero mientras las Águilas se repusieron al cambio de entrenador, en las Chivas volvió a reinar el status quo: nada se movió después de los vientos a favor, de las medidas disciplinarias fulminantes y de un reinicio prometedor que quedó solamente en eso.

Los cimientos del nuevo Guadalajara se derrumban con la exhibición más peligrosamente pobre: en un Clásico jugado en casa que terminó tres a cero en una paliza que pudo ser peor todavía.

El contraste con el América fue una bofetada.

Mientras que los capitalinos pelearon con enorme fiereza cada balón, dieron la vida por recuperarlo en caso de extravío y pese a algunas imprecisiones sabían qué destino darle, las Chivas atinaron eventualmente a enviar algún balón largo más para respirar que para construir un plan de juego.

Las Águilas fueron sólidas y tuvieron tres solistas que cuando tomaron su instrumento dieron la nota alta: Córdova en uno de sus días más luminosos, Fidalgo que con un poco más de decisión hará maravillas y Henry Martín que dos veces le dio sentido a la superioridad de su equipo haciendo mover el marcador.

Del lado rojiblanco las situaciones más visibles fueron el berrinche de José Juan Macías al ser relevado, el rostro agobiado de los centrales Briseño y Sepúlveda superados una y otra vez, y los gritos de Molina para tratar de darle orden al equipo a falta de más líderes que le secundaran en el intento de recordar qué clase de partido estaban jugando.

Cierto es que como golondrinas que no hacen verano, Angulo al inicio del partido y Saldívar poco después de haber ingresado de cambio, pudieron hacer gol.

Pero también lo es que eso no fue producto de buen futbol, sino de situaciones aisladas. Hubieran ayudado tal vez a cambiar el rumbo o a maquillar el resultado, pero el saldo final dice que el Clásico terminó en baile.

Los medios jugamos con frecuencia a despedir técnicos y sugerir sustitutos, como si esa fuera una de nuestras atribuciones. En realidad no lo son.

Chivas sabrá lo que hace, como el América también tenía elementos para cambiar entrenador en el momento más inesperado. Y como en todo, los resultados son los que mandan.

Un torneo más está a punto de írsele de las manos al Guadalajara -la generosa repesca no consuela- pese a que invirtió una fortuna buscando su renacimiento.

Injusto es no darle al América un aplauso del mismo tamaño de la crítica a las Chivas, hoy decepcionantes para sus propios y también para los extraños.

Pero la humillación de uno fue más grande que la gloria del otro.