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@FJG_TD

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La prenda y la percha

La primera camiseta de la "Naranja Mecánica" era blanca con dos delgadas franjas diagonales -una roja y una azul- que la cruzaban desde la cintura hasta la axila izquierda.

La de Italia, en 1910, era también blanca, por ser uno de los colores de su bandera, cambiándola al azul en los años treinta en honor a la casa de Saboya.

Y la de México era guinda.

Cuando rodó el primer balón en el Mundial que inauguró contra Francia en Uruguay 1930, tenía ese color que era sin embargo el tercero en orden de aparición.

Primero su camiseta había sido roja en homenaje a la selección española, posteriormente blanca, y finalmente guinda hasta el Panamericano de 1956 cuando adoptó el verde.

Dicen que José Antonio Roca participó en el diseño de la utilizada en Argentina 78, que era blanca con dos anchas bandas verticales en el centro del pecho -una roja y otra verde- que francamente no se veía mal pero terminó siendo odiada por las palizas con que el Tri regresó a casa.

Para la marca patrocinadora de la Selección -una de las más importantes del mundo- resultará revelador que a la presentación de su nuevo diseño se hayan sumado miles de opiniones de toda clase.

Hay a quienes no les gustó, hubo quienes la fueron a comprar de inmediato como se apreció anoche en la tribuna del Jalisco y otros tantos que por lo menos aplauden su originalidad.

Si el asunto se analiza racionalmente, el diseño si es representativo de nuestras tradiciones.

La imitación al tejido de sarape y el color rosa mexicano que domina, no podría utilizarlo ningún otro país del mundo: esas dos cosas son indudablemente nuestras. Eso, acerca por lo tanto a lo que somos.

Otro ángulo pasa por el gusto: ciertas playeras imponen, cortan la respiración y ésta no es una de ellas.

Lo fue la playera negra de México -no verde, cierto-, la de Alemania en 1990 o la francesa en 1982. O la del América, recién bautizadas Águilas, con un diseño que agrandaba visualmente el tamaño de sus jugadores cuando abrían los brazos.

Pero a fin de cuentas, lo que importa es el amor a la camiseta.

Eso tiene que ver con su color pero más aún con su significado y los resultados que entregue durante su época de uso.

Se habla y se escribe sobre la nueva camiseta de México porque es un asunto que interesa: tiene que ver con la esperanza de que el deporte nos dé un poco de dulce ante las toneladas de amargura que hemos tragado sin parar durante más de un año.

Con que Tokio, Qatar y días por venir nos permitan más sonrisas, pero ahora vestidas con sarape y perchas victoriosas que la sepan utilizar.

Eso hará que los clásicos como uno, permitan abrir la mente a que lo mexicano no siempre es verde aunque duela su ausencia porque la evocación es un sentimiento poderoso y era de ese color.