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@FJG_TD

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Directo y sin escalas

Lo que hace emocionante al deporte es que sus triunfadores tengan una competencia que les obligue a ser mejores.

Obtener la victoria por estrecho margen, en un pulso como el que ayer en Bahréin vio triunfante a Lewis Hamilton sobre Max Verstappen, es de lo más emocionante que puede suceder.

No habremos de meternos en la sinuosas curvas que no son fáciles de dominar, porque el automovilismo es un deporte en el que es necesaria la opinión especializada de los expertos, pero el concepto de toda competencia es el mismo: de la oposición surge la excelencia.

Varias horas después de lo ofrecido por la Fórmula 1, el futbol mexicano brindó un motivo para celebrar: la clasificación del equipo varonil a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

No hay nada que reprocharle a Jaime Lozano y su tropa, que ganaron todos los partidos que disputaron, a falta de la gran final contra Honduras que se celebra con pasajes para ambos en la bolsa.

El único gol que recibió México en todo el torneo fue derivado de una falta afuera de su área marcada como penal, lo que nos recuerda que el arbitraje de Concacaf es más disparejo aún que el nivel de los equipos que la conforman.

Al tiempo en que varios astros internacionales levantan la mano para reforzar a sus selecciones olímpicas, las llamadas a ser futuras figuras del futbol mexicano han obtenido ese derecho sin lugar a la menor duda.

No se puede calificar de brillante la eliminatoria, porque el nivel de los adversarios nunca presionó, ni puso en riesgo la clasificación mexicana.

Ni Estados Unidos, rival siempre a tomar en cuenta pese a las ausencias que voluntariamente sufrió, alcanzó a hacerle cosquillas a México.

Por muchas razones se suma una edición más de Juegos Olímpicos sin su presencia: de las últimas cinco solamente ha asistido a una -Beijing 2008-, quedando eliminado en la primera ronda.

En la formación de sus futbolistas ha perdido eslabones importantes que tanto México como Honduras han logrado hilvanar.

Los hondureños no mienten respecto a su consistencia: en Tokio ligarán sus cuartos Juegos al hilo y ya fueron semifinalistas en Río 2016, aunque Alemania los hizo pomada marcándoles seis goles.

La gran escena es en la que se aprende, y Concacaf no tiene muchas de ellas: sigue sufriendo por elevar un nivel que corresponde a sus países afiliados y que, salvo excepciones, no promete demasiado para el futuro cercano.

Si bien ciertas selecciones mayores tienen buena estatura y los clubes de algunas Ligas como la MLS parecen ser la tierra prometida para el futuro económico del norte, también lo es que el nivel de esta eliminatoria dejó mucho que desear.

No es culpa de México y para lo que debe prepararse ahora.

En Tokio es donde hay que dar pasos firmes y convencidos.