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@FJG_TD

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De partidos a partidos

Hay un motivo muy poderoso para jugar los partidos de Concacaf: son obligatorios.

Más allá del deseo de que los clubes mexicanos jueguen siempre contra el Liverpool o el Bayern en el Mundial de Clubes o regresen a la Libertadores, hay que cumplir con el barrio al que pertenecen.

En esta Confederación, que posee el nombre más largo y uno de los niveles de futbol más cortos, hay partidos que a estas alturas dejan poco, pero que son escalones que conducen a los grandes enfrentamientos decisivos de este mismo torneo de clubes o al propio estrado internacional que probaron con éxito tanto Rayados como Tigres.

Vendrán rondas más avanzadas y el nivel de competencia se elevará, así como las rivalidades, particularmente con los equipos de la MLS que son los otros que sostienen el peso de la Liga de Campeones del área. Fuera de esas dos Ligas, parece haber pocas provisiones.

Hay partidos de los que se aprende mucho, y son aquellos en que la oposición es importante y el premio es cuantioso.

El Tigres-América, el propio Cruz Azul-Chivas, el América-Cruz Azul o los partidos de Liguilla, sí le suman medallas al futbolista.

A nivel casero, esos duelos dejan un legado en quienes los juegan; son datos importantes en su currículum.

En el futbol hay clases, que están determinadas por la calidad.

El partido de ayer entre el Bayern Múnich y el París Saint Germain nos hace saber lo que es un manjar de altísimo nivel, y al mismo tiempo nos planta preguntas en la cabeza respecto a interpretar una sinfonía y ganar un duelo.

Bayern fue una máquina bajo la nieve que combinó precisión, velocidad y potencia con un un juego colectivo admirable.

Pero el PSG tiene un jugador genial cuyas dotes le permiten a su equipo amarrarse el cinturón cuando defiende, pero contragolpea como si patinara sobre hielo. Mbappé deshizo al Barcelona en Octavos y fue la pesadilla del Bayern en la ida de los Cuartos, que aún hay que concluir.

Del futbol del Bayern y de una deidad como el francés no solamente está lejos el futbol mexicano: lo están casi todos.

Pero ver a Hirving Lozano en un partido trascendental de la Liga italiana contra la Juventus -aunque se haya equivocado en el segundo gol en contra- o al "Tecatito" Corona enfrentando al Chelsea -aunque Porto haya perdido- es lo que acerca a la alta competencia a los pocos jugadores mexicanos que tienen esa oportunidad porque los expone a ella.

Si el futbol mexicano se mudara a Sudamérica o a Europa, indudablemente aprendería más porque se opondría a una mayor resistencia.

Pero como eso no se puede hacer, necesita tener más jugadores en equipos de prestigio mundial compitiendo en los mejores torneos. No es la manera más abreviada de mejorar, pero si es la única que hoy tiene.

Vivimos en Concacaf, no en la isla de la fantasía.