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@FJG_TD

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Lágrimas tras el balón

Al final del primer tiempo, el Arcahie de Haití perdía 3-0 en el Azteca contra Cruz Azul.

No se habían completado tres minutos cuando un error de barrio cometido por el portero Camy permitió que Alexis Gutiérrez iniciara el rosario.

Y es que Gooly, el arquero de 20 años que jugó tan bien en el 0-0 de la ida, no pudo viajar a México porque no tenía sus papeles en regla. Camy fue el único portero que traía el equipo; no tenía suplente.

De hecho, todos estuvieron a punto de quedarse en casa porque no había dinero para cubrir los gastos del viaje. Ante la amenaza de "forfait", la Concacaf los financió con 70 mil dólares que no estará segura de ver de vuelta. Pero hacer el papelón de que un equipo abandonara una de sus competencias internacionales, sería más doloroso que adelgazar un poco la cartera.

Pero ese no era el único problema: nada más llegar a la concentración, uno de sus jugadores, Willmane Exumé, dejó un recado para despedirse de sus compañeros: huyó hacia algún lado dejando todo atrás buscando una mejor vida.

Al llegar al medio tiempo, los jugadores del Archaie acumulaban demasiadas emociones.

Desde haber tenido que jugar en República Dominicana el partido de ida porque su pequeño estadio para mil espectadores no estaba en condiciones.

Pero aun así se mostró ordenado, con gran potencia física como argumento. Pero eso lo perdió nada más pisar la cancha del Azteca, un estadio inimaginable, en el que sufrió los efectos de la altitud de la Ciudad de México y el peso de un equipo infinitamente superior.

Es imaginable lo que sucedió en el vestidor durante el descanso: lo que había que plantear no era cómo evitar una mayor catástrofe, sino cómo resistir de pie los 90 minutos. Faltaba el aire, flaqueaban las piernas y la vergüenza era mucha.

A los 53, Desronvil desmintió que lo escrito fuera metafórico: se desmayó en pleno terreno de juego y apenas recuperó la consciencia cuando la ambulancia estaba por salir al hospital.

Y entró el quinto, y el sexto y el octavo gol mientras varios de los jugadores lloraban en el campo mientras corrían impotentes, tratando de oponer alguna resistencia. Lamentaron que en el futbol no existe el nocaut.

Más que intercambiar camiseta, algunos jugadores haitianos le pidieron de regalo la suya a los de Cruz Azul.

Tal vez no podían, como ese Atlante del 76 que jugó en segunda división, ofrecer las suyas porque no tenían otra.

Ayer, el arquero Camy y el lateral Alland Pierre también desertaron del equipo para quedarse en algún rincón de México que les ofrezca una mejor oportunidad.

Para el Arcahaie que jugó en el Azteca siendo rey por un día, la experiencia se convirtió en otra de sus incontables pesadillas.

La desigualdad también juega al futbol.