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@FJG_TD

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La foto traidora

No es que el criterio cambie tan rápido, pero los adjetivos en el mundo del futbol -como en otros de ellos también- cambia de acuerdo a las circustancias.

El Puebla era la música de la temporada según escribió hace más de dos meses, el mismo que está oprimiendo las teclas ahora para ya no decir lo mismo.

Y eso no quiere decir que aquello no haya sido así, ni tampoco que el equipo de La Franja, presa de la presión, no haya perdido anoche varios enunciados elementales del futbol que me hicieron recordar mi época humildemente llanera.

Teníamos un equipo en la Jardín Balbuena que se llamaba Bayern Múnich y jugaba en la Liga Benito Juárez.

Éramos malitos -por aplicar un eufemismo- y yo colaboraba cabalmente para ello.

Teníamos un muy buen portero, un central que salía jugando bien, un mediocampista que sabía retener, driblar y disparar y...si la memoria no me falla, nada más.

Si el extremo no era capaz de llevarse a todo mundo y meter un buen centro, no había jugada con futuro: nadie le ayudaba. No había aire para que el lateral pasara por fuera, un medio se agregara para apoyarlo, o alguien se botara del área para tirarle una pared.

Lo mismo pasaba con ese medio volante, que se llama Fausto, al que veíamos como un mago cuando tomaba la pelota: necesitábamos que hiciera la magia en solitario.

Con un tremendo corazón y ganas de jugar a tope con lo que teníamos, tirábamos un pelotazo tras otro por nuestra incapacidad de elaborar. Que tal que uno de los que estaban arriba podría cazar una bola y si Dios estaba de buenas, meter un gol.

Casi nunca nos fue bien, pero las fotos que tomamos antes de algunos partidos, todos formaditos como equipo profesional, es un recuerdo imborrable más de 40 años después.

La foto del final es la buena porque hacer ver lo que sucedió después, pero esa no la tomábamos; bastante golpeados solíamos terminar.

El Puebla de ayer fue distinto al de la temporada: jugó también a pelotazos, se partió en dos y quiso depender de un milagro para lograr un imposible después del daño recibido en el juego de ida.

Olvidó sus fundamentos porque le presión lo dobló, pero igual que aquel equipo de barrio, es de agradecer que nos haya dado un motivo de diversión durante todos estos meses.

A Juan Reinoso, alabado con razón, hay que tomarle también una fotografía antes de la Final que podría no inmortalizarlo el domingo.

Y otra, claro, a Guillermo Almada -si se queda quieto un instante- por si Santos Laguna termina posando en el álbum de los subcampeones que el tiempo manda al anonimato.

El lunes a esta hora compartiremos la foto del campeón.

Pero todas las anteriores nos recordarán que hubo momentos preciados que pese a lo que pase después, no deben ser olvidados.