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@FJG_TD

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La historia abre sus puertas

Jugar una final para un futbolista debe merecer tanto respeto como la página en blanco para el escritor que persigue su obra cumbre o la partitura más difícil para el pianista ante un gran concierto.

Es una manera de entrar a la historia, de retar a los demás para ser mejor que ellos y conquistar un pedazo de lo que llamamos eternidad deportiva.

Cruz Azul se encuentra ante una oportunidad inmejorable para dejar de cargar el peso que durante más de 23 años le ha entumecido los músculos y el alma.

Sus conferencias de prensa están llenas de preguntas sobra fantasmas, mentalidad y dramas irremediables.

Como si no hubiera sido el mejor de la temporada regular y todos los antecedentes hicieran olvidar su momento, el infortunio se hace presente como tantas otras veces para tal vez ser el culpable de todo.

Y eso es injusto.

Santos Laguna es un proyecto diferente al que no se debe menospreciar porque varios son los méritos que tiene en la batalla.

Su pelea ha sido con una filosofía de cantera, ajustada a las posibilidades de la cartera y con la paciencia que eso exige para volver a ser triunfador.

No hay equipo chico en una Final, no existen imposibles como lo demostró el valiente Villarreal en el duelo de la Europa League que le dio su primer título en 98 años de historia.

No importa que el Manchester United sea el primer ejemplo de mercadotécnica global, uno de los estandartes principales de la Liga más poderosa del planeta y que haya llegado necesitado de un triunfo que enderece su triste pasado reciente.

Acostumbrado a peleas más estelares, habrá jugado la Final de la Europa League haciendo muecas, que mayores se hicieron cuando resultó perdedor frente a un club que representa a una localidad especializada en la fabricación de cerámica de poco más de 50 mil habitantes.

El duelo de hoy, envuelto en olor de multitudes con un aforo permitido del 70 por ciento de la capacidad del TSM nos hará más cercanos los añorados tiempos de cuando la normalidad no era una palabra chata y desgastada.

Y deberá ser intenso, pleno, ojalá que bueno.

La piel de los futbolistas es el triunfo y son competitivos por naturaleza.

Habrán situaciones mentales, indicios desfavorables u optimistas y aficiones hambrientas sobre todo del lado azul, pero lo que definirá todo es esa capacidad de pelea que los dos han mostrado con creces para merecer un lugar en la serie última del semestre.

Se juega el par de partidos que mayor respeto inspira a participantes y ajenos: el que permite meterse a esa historia que busca nombres que hacer más sonoros y admirados.

La de hoy y la del domingo son de esas noches especiales que todos vivimos cada seis meses, pero que uno lleno de golpes no ha hecho suya desde diciembre de 1997.

Los puntos suspensivos saben a drama.