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@FJG_TD

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El fin del nuevo principio

Las risas y las lágrimas tienen una gran capacidad de contagio.

Son sensaciones humanas que sintetizan todo lo que puede haber detrás de ellas. Cuando surgen al mismo tiempo, es que algo extraordinario está sucediendo.

Llorar de felicidad es único, pero también es excepcional.

No sé si ustedes, al ver en la pantalla de televisión el llanto de todos los cementeros campeones, tuvieron ganas de cooperar -para ser propios- con una lágrima el estar presenciando tanta dicha.

Si no sucedió, por lo menos habrán recibido la luz de tanta alegría, de tanto peso que se quitaron de encima y de la sanación de todas las burlas recibidas en 23 años.

Cuando a alguien le ha ido muy mal, las almas buenas desean que les cambie la suerte y reciban un poco de esa felicidad que en algunos momentos todos tenemos en la vida. Unos más, unos menos.

Una encuesta entre varios conocidos -y desconocidos- durante los últimos días, me reveló que unos desde la superficie y otros desde lo más escondido de colores y camisetas ajenas a la azul, deseaban que La Máquina ganara por fin un título.

Como el triunfo no necesita explicación, inútil será abundar en la manera en que Cruz Azul le regaló un tiempo a Santos Laguna porque no tenía necesidad de desacomodarse: el que debía tomar riesgos era el rival.

Un gol de otro partido emparejó el global, pero Juan Reynoso volvió a corregir para el complemento y el golpe de autoridad fue sonoro y definitivo. Pronto convirtió Cruz Azul el gol que definió todo.

Santos Laguna fue bravo y peleó con lo que tuvo sin escatimar esfuerzo, pero el equipo que tenia enfrente fue mejor. Así de simple.

Y ahora lo complicado para la nueva gestión cementera es ya no operar lo heredado, sino poner nuevas bases para que el equipo no abandone nunca el centro del escenario; el lugar que le corresponde.

Supo la directiva entrante ajustar detalles para no dejar caer lo que el torneo pasado se derrumbó por una fatalidad más y eso tiene gran mérito.

El peligrosísimo paso de la muerte terminó siendo fructífero pese a lo arriesgado.

Pero desde el primer día se habló de gastar menos, de no derrochar y en los últimos días, de no renovar a gente indispensable como Jesús Corona.

Cruz Azul se necesita grande, protagonista, triunfador y gallardo para si mismo y para la propia Liga MX.

Álvaro Dávila y Jaime Ordiales saben de esto y por lo tanto serán capaces de aconsejar a los nuevos dirigentes de la Cooperativa sobre lo que deben hacer para que este sea el primer paso hacia una nueva época celeste que deje atrás las penurias y los momentos oscuros.

Optimizar con sentido, sensibilidad y sapiencia futbolera para que la Máquina no tenga que llorar -y contagiar- tanto la siguiente vez que gane un título.

Tiene que volver a ser una costumbre.