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@FJG_TD

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Arde porque no debió suceder la derrota

A México le tocaron ese viejo rock and roll que ya conocíamos: fue mejor que Estados Unidos pero terminó perdiendo.

La libreta se iba llenando de apuntes mientras el partido avanzaba y debían conducir a explicar por qué había ganado.

De pronto todo cambió, pero que no lo haya logrado no les resta validez.

Así que en el recuento de virtudes y defectos, empecemos por cortesía con el ganador.

Estados Unidos fue, por lo menos ayer, un equipo bastante vulgar.

Salió a cazar las piernas de Hirving Lozano, que una y otra vez rodó por el terreno sin que el arbitraje de pantomima del panameño John Pitti se diera por enterado para sancionar como se debía.

Conociendo el caminito, Estados Unidos se sirvió con la cuchara grande ensuciando el partido con quien se le atravesara. Buen futbol, francamente no hizo.

Los primos tenían grandes problemas desde su salida: se confundían, equivocaban balones, sufrían en la contención y su única posibilidad era hacerle llegar la pelota como se pudiera a los que sabían, que son Reina, Pulisic y Mc Kennie.

Sus virtudes fueron la mentalidad, el no rajarse pese a tener que defenderse con un par de arqueros notables tras la lesión del primero de ellos y saber definir cuando se le presentó la oportunidad.

Pulisic, el nuevo astro del equipo De las Barras y las Estrellas, apareció en el momento decisivo para producir un penal que dejó ciertas dudas y que él mismo se encargó de anotar.

Ahora vamos con los nuestros.

La virtud que tuvieron fue su capacidad técnica, el volumen de ataques producidos con éxito hasta el último toque -que ciertamente es el bueno- con el espectáculo montado por "Chucky" y Lainez combinados con el pragmatismo de Héctor Herrera, casi siempre sapiente con la de gajos.

También fue la fiereza con que encararon el partido que ya les sonreía un minuto después de iniciado con un gol a favor, y con el penal cerca del límite que lamentablemente falló Andrés Guardado, el hombre que casi siempre acierta.

Sus defectos fueron la marca en los tiros de esquina, en los que casi siempre sufrió remates certeros para poner a prueba a Ochoa o para meterle gol, la frecuencia de equivocaciones de Ariel Antuna que suele decidir mal su última jugada y la mala puntería de quienes a falta de un centrodelantero hasta el ingreso de Henry Martín, no llenaron los zapatos de los ausentes.

La hoguera del clásico se encendió por la forma de guerrear entre ambos equipos y por la emocionante tensión resultante.

La Copa Oro urge para un posible enfrentamiento de revancha tras lo accidentalmente sucedido ayer.

La derrota de ayer arde pero no preocupa demasiado.

México tiene buen equipo mientras Estados Unidos está encontrando el suyo.

La derrota de ayer duele porque no debió haber ocurrido.