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@FJG_TD

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Verano a como dé lugar

La pandemia apiló todos los eventos deportivos como si fueran camisas sucias en el cesto de la ropa y ahora hay que lavarlos, plancharlos y hacer que les dé el aire porque la industria del deporte está al borde de la asfixia.

Los problemas se multiplican y se hacen más serios conforme avanzan los días marcados para el inicio de las competencias.

El colmo es la Copa América, que pierde primero como sede a Colombia, luego a Argentina, y está a punto de perder el respeto porque se metió al país menos indicado para jugarla, que es Brasil.

Falta saber la decisión del gobierno.

Se vive una situación de emergencia y como tal se ha obrado, con la solidaridad de los futbolistas que a fin de cuentas son los únicos Indispensables en el espectáculo.

Las federaciones dan a conocer a sus nominados y en sus listas no dejan de aparecer los nombres de sus famosos, dispuestos a jugar con sus Selecciones nacionales.

El orgullo suele ser el móvil para que los futbolistas acudan a estas grandes citas, aun bajo riesgo.

La Eurocopa también se abre paso a partir de mañana con comportamientos que ya se consideran hasta normales: jugadores que dan positivo y abandonan sus concentraciones, con el temor de haber contagiado a sus compañeros.

Las alineaciones de los entrenadores dependen ahora de un hisopo.

Las once sedes en que se celebrará el evento permiten una menor concentración geográfica y se espera que al igual que la Copa América, todo pueda llegar a buen fin.

De este lado del hemisferio tendremos una Copa Oro desteñida en la que el propio país anfitrión enviará un cuadro alternativo que impedirá una revancha rápida contra el Tri, que lo ha tomado con absoluta seriedad.

Es difícil entender la estrategia de Estados Unidos, ausente una vez más del futbol olímpico por falta de compromiso hacia eventos que le permitirían construir mejor.

Queda entendido que para ellos, la MLS es lo más importante y que si hay que elegir sobre la actividad internacional, no tienen la menor duda en qué hacer.

En todo caso, esa es harina de otro costal.

Los Juegos Olímpicos, que cerrarán la actividad veraniega, ponen cada vez más restricciones a los medios visitantes en su afán de controlar los contagios que siguen poniendo en jaque al movimiento completo.

Sus líos con la vacuna y las decisiones tardías para aplicarla son marco de la realización de los Juegos más bizarros de la historia moderna.

Aunque aparentemos, queramos y creamos que la pesadilla ha terminado, hasta el musculoso deporte tiene problemas para moverse con la normalidad que evidentemente no tenemos.

El mensaje que el deporte manda es de supervivencia, valor, resistencia y algo también de irresponsabilidad.

Es la única manera de lavarlo y tenderlo.

De no morir en el intento.