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@FJG_TD

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El balón de dos mundos

A alguien le dio tiempo de pedir fuegos artificiales para hacerlos estallar encima del vacío Estadio Mané Garrincha mientras las Selecciones de Brasil y Venezuela estaban formadas en la ceremonia de himnos que abría la Copa América.

La Vinotino estaba equipada con una espada de madera para enfrentar al favorito brasileño y se la quitaron el día anterior con diez contagios en su plantel, que hicieron romper el reglamento del torneo para que pudiera llamar a otros 15 futbolistas que le ayudaran a cumplir el compromiso de presentarse.

La accidentada Copa del accidentado planeta en que vivimos tuvo una presentación triste aunque el tres a cero con que los anfitriones ganaron ayudará a dirigirles con más atención la mirada.

Un par de días antes, la Plaza del Pueblo en Roma vio reunirse a miles de aficionados italianos para honrar el debut de su equipo en la Euro 2020.

Solamente podían entrar 16 mil personas al Olímpico de Roma, entre ellas el presidente de Italia, el hijo del de Turquía, los de la FIFA y La UEFA.

Andrea Bocelli y el épico canto del Nessun Dorma de Puccini enmarcaban de manera espectacular a dos inolvidables ídolos de la capital italiana: Alessandro Nesta y Francesco Totti.

La excelsa coreografía con el que la multi étnica Europa envió un mensaje de unión fue formidable: se está jugando futbol en 11 de sus países.

También se abrió la Euro con un tres a cero de la implacable Italia sobre la joven y desilusionada Turquía.

Tal vez la alegoría inaugural de la Euro con la sobriedad de un video de un minuto de la presentación sudamericana, tiene que ver con lo que sucede en ambos lugares del planeta.

UEFA es sinónimo de planeación, de mayores posibilidades, de capacidad para responder a una emergencia médica con final feliz y de poner el ejemplo en organización e infraestructura.

Conmebol es el surrealismo absoluto, el galimatías político y la abundancia de federaciones -países representados en el mundo del futbol- caóticas, quebradas, sufridas y esperanzadas con un futuro mejor sin haber sembrado demasiadas semillas para lograrlo.

El continente olvidado, según lo describe el libro de Michael Reid, lleno de reformadores fracasados y dictadores endeudados.

Pero aquí, señoras y señores, es que el balón con su magia tratará de equilibrar las diferencias de clase igualando los manjares servidos al espectador.

Los clubes europeos sueltan a sus ídolos sudamericanos -México también, a su medida- en aras de que devuelvan a casa algo de las riquezas conquistadas.

Jugando en Europa es que se han vuelto mejores.

La portada de este capítulo ofrece luz en el Viejo Mundo y oscuridad en el nuevo.

¿Podrá la última página ser diferente a la primera?

Derecho hay a tener esa improbable ilusión.