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@FJG_TD

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Acciones, no campañas

Me sorprende que existan quienes a su vez se sorprendieron con la noticia.

Las decisiones de la FIFA a propósito del grito tribunero que por lo visto a algunos les sigue haciendo gracia, se dieron a conocer el viernes.

Partidos de Selección Nacional sin público, amenaza de restar puntos y hasta de quitarle a México lo ganado con un enorme esfuerzo directivo -la sede compartida del Mundial 2026- están en juego.

Más de diez mensajes de gente cercana han llegado a mi incrédulo celular, pidiendo que castiguen al público, pero no a la Selección, inocente de lo que sucede en la grada.

Viéndolo de manera simple eso es cierto, pero el punto de vista debe partir de otro lado: si a los que se portan mal -así sea una minoría- no hay manera de hacerles entender la gravedad de lo que hacen, la sanción es afectar lo que aparentemente más quieren: el espectáculo y esa fiesta en que nos convertimos cada vez que México juega un partido de Copa del Mundo.

La Federación ha hecho lo posible y más para desaparecer el grito: campañas de pubicidad, mensajes a cargo de los futbolistas, de los comentaristas, avisos en el sonido local de los estadios, suspensión temporal de los partidos en que esto se presenta y quién sabe cuánta cosa más.

¿Qué es lo que sigue?

Acciones dentro del campo para evitarlo.

Que los propios jugadores, cada vez que se cobre un saque de meta, paren el juego unos segundos y pidan calma a la tribuna para que deje de lanzar el famoso grito y que además inviten a denunciar a quien lo haga ante los vigilantes del estadio.

Que las cámaras de circuito cerrado detecten y exhiban en las pantallas gigantes a quienes ponen en riesgo el juego de todos y sea premiado al menos con un aplauso quien denuncie.

Hacer cosas que generen impacto mundial, viralización y hagan saber que se está intentando todo lo posible, incluyendo hasta evitar los saques largos de los porteros en partidos de la liga local durante un tiempo, aunque eso afecte el propio juego.

De las campañas hay que pasar a los hechos para que el grito y las sanciones se detengan.

Habremos ganado algo más importante que el propio futbol: la conciencia de que no somos simpáticos por lanzar el grito ni pensar que el mundo no comprende nuestra peculiar picardía.

Y sí, es imposible disociar al públlico del equipo. Van juntos aunque la acción de unos perjudique a los otros.

Sucedió en Inglaterra con los hooligans que a propósito de la tragedia de Heysel vieron a sus clubes involucrados fuera de la escena internacional y con cualquier acto masivo que atente contra las reglas.

FIFA es cada vez más dura y ya no funcionará recurrir al TAS, como se hizo en repetidas ocasiones hasta que llegó este nuevo manotazo sobre la mesa.

Eso se acabó. Va muy en serio y hay que actuar.