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@FJG_TD

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Naranja partida

La alegría de ver jugar a Holanda algunos partidos contrasta con la decepción de atestiguar sus frecuentes fracasos.

Su afición es tan colorida como lo radiante de su camiseta y su futbol establece promesas desde su fundación, cuando le enseñaron al planeta que la inspiración puede ser más importante que los resultados.

Haber perdido tres Finales de Copa del Mundo y tener en sus vitrinas solamente una Euro han sido justificados con ese nuevo aire que trajeron al deporte.

Pero todo tiene un límite y haberse ausentado de la Euro 2016 y del Mundial de Rusia necesitaba ahora un resello triunfador para volver a tomarla en serio.

El desencanto por su partido de ayer contra la meritoria República Checa vuelve a abrir sus viejos expedientes que el sicoanálisis pensaba haber resuelto.

Holanda, implacable en su grupo de Eliminatoria y brillante en la Fase de Grupos, no supo qué hacer cuando los vientos le soplaron en contra.

Complicada por los resistentes checos, tuvo la jugada que abriría el marcador a través de Malen, quien al perder el mano a mano frente al portero Vaclik abrió la puerta al infortunio que se les apareció de nuevo.

Instantes después, un resbalón de De Ligt le hizo cometer una mano que le costó la tarjeta roja a él, y la pérdida del control nervioso a su equipo.

Mientras los checos se dedicaron a ganar todo balón dividido con una entereza notable, los holandeses se ocuparon en reclamarle al árbitro, en enojarse entre ellos mismos y en mandar pelotazos sencillos de resolver para los adversarios.

La falta de reacción de los favoritos fue pasmosa: ni en el campo ni en la banca tuvieron la respuesta correcta a un momento crítico y terminaron naufragando con justicia frente a un rival que fue mejor y supo capitalizar los errores holandeses.

Por qué una generación tan brillante ha vuelto a tropezar, es digno de un análisis de laboratorio.

La eliminación holandesa no dependió de la mala tarde que cualquier equipo puede tener, sino de su incapacidad para enfocarse en nadar contra la corriente pese a aparentar que tenía la fuerza para ello.

Al súper héroe con capa se le doblaron las piernas cuando supo que el rival que debía vencer también tenía poderes importantes.

El avance de la Euro ratifica el nivel competitivo de sus equipos: Italia sufrió para vencer a la valiente Austria, Bélgica destronó al campeón portugués y España sufrirá para quitarse de encima a los croatas.

Vienen otros platillos sumamente apetitosos como el Inglaterra-Alemania en Wembley de mañana. De los alemanes hay que esperar lo que le faltó a la Naranja Mecánica: capacidad de respuesta en un partido crucial bajo las condiciones más adversas.

Europa está celebrando una fiesta de torneo.