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@FJG_TD

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Somos un poco ingleses

La selección inglesa es como Cruz Azul: hasta sus propios rivales, en el fondo de su alma, tenían oculto el deseo de verle ganadora.

Inventores de una fiesta en la que otros se han divertido más durante largas décadas, por fin llegaron a la final de una Euro.

El penal que se les marcó a favor en pleno tiempo extra no debió ser marcado.

Raheem Sterling difícilmente fue tocado por su marcador Joaquim Maehle, pero el árbitro, respaldado por el VAR, olvidó que en un partido de esta índole tiene que ser evidente la falta que marque su destino.

Pero parecía haber tal complicidad entre las deudas históricas y la puerta abierta al triunfo inglés, que apareció la vista gorda: ni los daneses hablaron demasiado del penalty que a la larga les costó la eliminación.

Son cosas del futbol que demuestran la simpatía universal que el equipo de Los Tres Leones ha cosechado en los últimos tiempos.

La Premier League es una de las más emocionantes del mundo y suma adeptos por doquier pero no estaba correspondida por un seleccionado que arrastra muchas penas y pocas glorias.

Haber jugado de manera notable en el Mundial de Rusia 2018 hace menor la distancia.

Y en una Euro que le ha visto jugar solamente un partido fuera de Wembley gracias a su poder en los escritorios y el magnetismo de su nombre, luce favorito.

No se interprete que a los ingleses les regalaron el partido: sólo les ayudaron con un empujoncito para lograr lo que merecían frente a un bravo rival danés que había llegado a su techo antes de esa jugada.

El duelo final contra Italia promete.

Los años les han invitado a ambos a renunciar a sus viejos estereotipos para modernizarse para entrar en el gusto de la afición global, que es la novia a conquistar en el negocio de las grandes bolsas.

El "catenaccio" italiano, el candado a ultranza, está guardado en un museo contiguo al del "Kick and run" británico que hoy ha sido suplido por un futbol más elaborado en el que el balón se sabe mucho más respetado: le dan respiro para que se luzca.

En términos generales, la Euro ha dejado la sensación de paridad.

Hasta a los encumbrados finalistas les ha costado llegar hasta ahí: de los cincuenta partidos que se han jugado, treinta fueron empates y solamente nueve se definieron con ventaja de dos goles o más.

Dinamarca, República Checa, Ucrania, Suiza y Austria han levantado la mano para ser colocados en un mapa en el que se han visto eternamente ignorados.

Europa tiene un atributo envidiable: cercanía competitiva de por lo menos quince selecciones nacionales.

La Final del domingo será el broche de oro a un gran torneo.

A propósito: ¿no es verdad que tú, salvo que seas italiano, le vas un poquito a los ingleses?

Ellos también están a punto de terminar una sequía insoportable.