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@rgomezjunco

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Ejemplares finalistas

El azaroso Guardianes 2020 concluyó mejor que otros torneos.

Aunque la Final no alcanzó el nivel esperado, la buena noticia fue la coronación como campeón del mejor de los equipos, algo que no siempre sucede en nuestro futbol.

Por más que muchos pretendan emparejarlos en el recuerdo, hay de campeones a campeones; y para quienes apreciamos el buen juego el León será recordado como uno de los más convincentes, inobjetables y brillantes.

Porque lleva buen rato (y no sólo durante el reciente torneo) siendo el equipo que mejor futbol despliega, y por los principios y argumentos que defiende y enarbola en la cancha.

Como punto de partida, algo esencial en el juego: jugar más a jugar y no tanto a impedir que el adversario juegue.

Darle preponderancia al buen manejo individual y colectivo de la pelota. Pensar más en vulnerar la portería contraria que en proteger la propia.

Utilizar exhaustivamente, en la elaboración de los ataques, la amplia variedad de herramientas y recursos ofensivos que el futbol tiene y ofrece. Respetar a ultranza esa vocación ofensiva que necesariamente y sin embargo sólo podrá manifestarse a plenitud si tiene como sustento la indispensable solidez defensiva.

Para no llegar a ser predecible, jugar bien de distintas formas, enriqueciendo el funcionamiento ofensivo con la mayor flexibilidad posible. Y nunca olvidar el origen lúdico del futbol, la importancia de jugar divirtiéndose y divertirse jugando.

Todo ello con el eficiente trabajo defensivo y la sobriedad de Rodolfo Cota en la portería, la solvencia de jugadores como William Tesillo y Pedro Aquino en la recuperación y distribución de los balones, la capacidad desequilibrante de Jean Meneses, la ductilidad de Fernando Navarro para funcionar a elevados niveles en cualquier zona del campo; y el talento, las aptitudes técnicas y la visión de cancha del cerebro del equipo, del mejor jugador del torneo entero: Luis Montes.

Todos conducidos por la inteligente y sensata dirección técnica de Ignacio Ambriz, para así cristalizar el magnífico proyecto desarrollado por Jesús Martínez Murguía con la capacidad y el profesionalismo que lo han distinguido.

Y como añadidura de ese campeón inobjetable como pocos, el Guardianes 2020 arrojó también a un subcampeón más meritorio que cualquiera.

De principio a fin, a lo largo de los 23 partidos que jugaron, a pesar de la estrepitosa caída en sus primeros 90 minutos de la Semifinal ante el Cruz Azul (que los obligó a aquellos segundos 90 minutos heroicos), y a pesar también de algunos duelos que lograron resolver a su favor después de ser superados en la elaboración del juego por los rivales, estos sorprendentes Pumas de Andrés Lillini se distinguieron como el equipo que más hizo con menos.

Aunque la Gran Final no haya ofrecido en términos generales el nivel de futbol que hubiéramos querido, bienvenidos sean en el balompié mexicano de Primera División finalistas como los arrojados en este torneo.

Porque con más frecuentes campeones y subcampeones así, nuestro futbol sería otro.