@rgomezjunco

sábado 30 ene. 2021

Mejorar actitudes

Si el aciago 2020 no nos hizo reflexionar, ya no reflexionaremos nunca.

Un año que nos recordó como nunca la enorme distancia que existe entre quienes tenemos lo necesario para ser felices y quienes no lo tienen, entre quienes podemos seguir produciendo y disfrutando con lo producido, y quienes no cuentan con ese privilegio porque carecen de las herramientas indispensables.

Si cada uno de nosotros debería asumir siempre la responsabilidad de desempeñar el propio rol de la mejor forma posible, con mayor razón procede hacerlo en este 2021 que apenas cumple la primera de doce partes, ahora que dicha responsabilidad ha adquirido mayor relevancia.

Para que nuestro país se levante y nuestro futbol reviva, para que dentro y fuera de la cancha se produzca la deseada recuperación tras el doloroso impacto de la pandemia (impacto todavía no aquilatado cabalmente), estamos obligados a ser más solidarios, estar más conscientes de lo que tenemos, de lo que otros carecen y de lo que podemos hacer para ayudar en algo.

Ciertamente, si la injusta distribución de la riqueza ha sido desde siempre uno de los problemas más lacerantes en nuestro país (problema agudizado en esta inquietante y larga etapa del coronavirus), por lo menos en lo que respecta al futbol mexicano puede presumirse de un estado de cosas más equilibrado y equitativo: no es tanta la distancia entre los equipos más ricos y los más pobres.

El problema es que en términos económicos ese bienvenido equilibrio futbolero está dándose cada vez más a la baja; unos equipos en situaciones más precarias que otros, y ninguno en condiciones tan boyantes como para no estar sufriendo por el duro impacto.

Mientras el torneo prosigue y los hombres de pantalón largo encuentran los mecanismos necesarios para revitalizar a este suculento negocio-espectáculo, a los demás nos corresponde, como aficionados u observadores del juego, por lo menos poner un buen ejemplo modificando algunas actitudes.

Un magnífico inicio sería el de mostrar más tolerancia hacia quienes simpaticen con otra camiseta, en lugar de abonarle -también dentro del futbol- a la burda polarización en que hemos caído: estás por completo a favor o por completo en contra; sacralizas o satanizas, adoras u odias.

Entenderle más al juego para apreciarlo por sí mismo y a mayores niveles, y más allá del futbol informarse mejor en lugar de repetir simples consignas como borregos; informarnos mejor para ser capaces de formarnos una opinión más autorizada sobre lo que sucede a nuestro alrededor, dentro y fuera del futbol.

No caer en ese lamentable maniqueísmo del todo es negro o todo es blanco, sin entender que en cualquier asunto la verdad suele estar en medio, en alguno de esos tonos de la enorme gama de grises.

Incluso como entusiastas aficionados o como apasionados observadores del juego (del futbol y de la vida), hacer lo que nos corresponde lo mejor posible y ser capaces de ayudar a que otros también lo hagan, aunque sólo sea poniéndoles el puro ejemplo.

¿Será mucho pedir?