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@rgomezjunco

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Autorepresentación

Mañana inicia en Catar el Mundial de Clubes.

De jueves a jueves, en aquellos pre-mundialistas lares se jugará este torneo que convoca a los respectivos campeones de Europa, Sudamérica, Concacaf, Asia, África, y que tiene como anfitrión al campeón catarí.

En el partido inaugural, los Tigres se enfrentarán mañana con el Ulsan Hyundai, equipo coreano campeón de Asia.

Al enfrentarlo, el poderoso conjunto regio-nicolaíta estará ante la obligación de confirmar no sólo esa amplia superioridad que en teoría ostenta con respecto al adversario en cuanto a potencial de planteles, sino además de demostrar que sí ha llegado a este torneo en las mejores condiciones que equipo mexicano alguno haya exhibido a priori en cualquier edición del mismo.

Como es mucho el tiempo que pasa entre la fecha de obtención del título en el torneo interno y la del momento de la participación en ese certamen mundialista entre clubes, una y otra vez los diferentes representantes del futbol mexicano han llegado al mismo muy lejos de estar ofreciendo su mejor versión.

Algo que luce muy distinto en esta ocasión, con unos Tigres que acaban de redondear la mejor década en su historia, y que parecen llegar a este torneo muy cerca de su nivel óptimo.

Si la lógica se impusiera, en este primer partido los Tigres se alzarían con una victoria que los instalaría en las Semifinales para enfrentar al Palmeiras, flamante campeón de la Copa Libertadores.

En ese no tan hipotético enfrentamiento del domingo 7 en Semifinales, que para la escuadra paulista será la primera instancia y para la regiomontana sería la segunda, la teoría dice que las probabilidades de éxito lucirían similares.

Y si en ese duelo aparentemente equilibrado los Tigres lograran inclinar a su favor la balanza, entonces se medirían en la Final seguramente con el Bayern Munich, con la intención de competirle en la medida de lo posible para así cristalizar el mejor papel que un equipo mexicano haya realizado en un Mundial de Clubes.

En caso de conseguirlo, ya sería lo de menos continuar o no con la barata y estéril polémica en cuanto a quién representan los Tigres en este torneo. Una bizantina discusión a la que se le dio demasiado espacio después de algunas declaraciones de Guido Pizarro que no ameritaban tanto y que fueron sacadas de contexto y magnificadas en aras de vender algo, para que finalmente surgiera el burdo colofón de Nahuel Guzmán, muy a su estilo, como si para los demás los Tigres fueran el centro del universo como en el de él sí lo son, legítima y comprensiblemente.

Por ser tan obvio ni siquiera debería aclararse que en este torneo los Tigres no representan a nuestro País entero, como en ninguna competencia lo representa equipo alguno; pero sí representan en gran medida al futbol mexicano, y en cierta forma también al concakafkiano.

Sin embargo, más allá de cualquier representación el compromiso permanente debe ser primero con el futbol, y después con la camiseta que defiendas.

He ahí el primordial objetivo de los Tigres en este torneo: representarse a sí mismos lo mejor posible, con lo que de paso en algo podrían enaltecer al futbol mexicano.

¿O no?