FutbolFeed

@rgomezjunco

·
3 min
A
A

Por el milagro

Los Tigres jugarán mañana uno de los partidos más importantes de su historia y de la historia del futbol mexicano.

Al enfrentar en la Final del Mundial de Clubes al mejor equipo del mundo, el Bayern Múnich, la escuadra regiomontana irá en pos de lo que sería un auténtico milagro: coronarse en este torneo superando al demoledor conjunto alemán.

A nivel de clubes, en la historia de nuestro futbol este partido sólo podría compararse -en cuanto a la trascendencia del mismo- con las tres Finales de Copa Libertadores perdidas, respectivamente, por el Cruz Azul ante el Boca Juniors en 2001, por las Chivas ante el Internacional de Porto Alegre en 2010, y por estos mismos Tigres (o muy parecidos) ante el River Plate en 2015.

En aquella ocasión, después de haber sido el mejor equipo hasta llegar a la última instancia de esa Copa Libertadores, los Tigres no supieron comportarse a la altura de las circunstancias en el partido final. Pero a partir de ahí se propusieron recorrer con mayor determinación el pendiente camino de los éxitos internacionales, ya coronado con un título de la Concacaf y con el mejor papel que un equipo mexicano haya desempeñado en el Mundial de Clubes.

Si con su gran actuación y su merecido triunfo ante el Palmeiras el pasado domingo se enaltecieron a sí mismos y enaltecieron también al futbol mexicano, el gran objetivo de mañana deberá ser el mismo, aunque en este caso ese doble enaltecimiento sería mucho más elevado porque el adversario es otro, el más poderoso con que equipo alguno pueda toparse hoy por hoy en el mundo entero.

Para realizar la hazaña, entre otras cosas los Tigres deberán ser muy inteligentes desde el arranque, desde la postura inicial asumida.

No salir a jugar en toda la cancha desde el inicio, pero tampoco permitir que los acorrale un equipo acostumbrado a acorralar a sus adversarios. No pelear por la iniciativa en todo el terreno, pero tampoco cederla por completo.

Manejar con pulcritud el balón y darse las pausas necesarias, pero también adaptarse en el renglón físico al nivel de intensidad que las condiciones del partido ameriten.

Rayar en la perfección en el trabajo defensivo y paulatinamente aspirar a que el juego se dirima entre sus mejores jugadores y los peores del rival: los atacantes de acá contra los defensores de allá.

Es decir, que en aras de cristalizar el milagro los Tigres deberán jugar a su nivel óptimo y esperar que el Bayern no se acerque al propio.

¿85-15 en cuanto a probabilidades de coronarse?

Si así fuera, el ansiado propósito de los Tigres será el de convertir en 100 ese 15, tarea posible aunque no probable, meta a la que podrían llegar con un poco de suerte y el mejor futbol del que son capaces.

Que por lo menos y por lo pronto lo intenten, que resulten irreprochables el esfuerzo y el intento, y después vean para cuánto les alcanza.

Para que el milagro cristalice, que recen lo que quieran siempre y cuando también jueguen lo mejor que puedan con todo lo que saben.

O sea, aplicar el viejo y sabio consejo modificándolo como se debe:

A Dios rogando y al futbol jugando.