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@rgomezjunco

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Voces y gritos

Dentro y fuera del futbol el simplismo es la regla y la sensatez la excepción.

Faltan voces inteligentes, ecuánimes, y sobran opiniones ramplonas y gritos desaforados.

Después del partidazo del domingo entre la Selección Mexicana y la de Estados Unidos, la mayoría de los diagnósticos (o aspirantes a tales) pasa inexorablemente por el simplista resultadismo.

Como el conjunto mexicano perdió, urge modificar el rumbo. Si hubiera ganado, todo iría viento en popa.

De acuerdo a esta rudimentaria percepción de las cosas del futbol y según esos limitados "diagnósticos", lo de menos es cómo se haya jugado, porque entonces el problema es que entra en acción la dificultad para distinguir cómo se juega.

No importa que a pesar de los evidentes errores cometidos (otra vez la alarmante vulnerabilidad en el juego aéreo y a balón parado) el equipo mexicano haya jugado uno de sus mejores partidos a lo largo de la ya de por sí productiva y ascendente "era Martino".

No importa que en lo que respecta al futbol desplegado por cada escuadra la otrora tricolor y ahora de guinda y negro haya sido claramente superior, ni que lo haya sido en uno de los mejores partidos que se han ofrecido entre mexicanos y estadounidenses, en un partido cuyo espectáculo futbolístico fue mucho más europeo que concakafkiano.

No importa haber constatado el magnífico nivel y lo que son capaces de hacer jugadores como Diego Lainez, Hirving Lozano, Jesús Manuel Corona y Héctor Herrera.

Ni siquiera importa que el encuentro se haya definido al minuto 114 por la vía de un penal primero erróneamente sancionado y después magistralmente ejecutado.

Lo único importante es el resultado, y según éste el fracaso fue rotundo y obliga a cuestionar a fondo el trabajo realizado hasta el momento por Gerardo Martino.

Y como lamentable preámbulo de ese patético simplismo en el "análisis", algunos de los "entusiastas" aficionados mexicanos que se dieron cita en el estadio de Denver contribuyeron con lo suyo, lanzándoles a los jugadores estadounidenses cuanto objeto se encontraran a la mano, o volviendo a proferir el tradicional y burdo grito en contra del portero adversario.

Para combatir ese deleznable grito (no tanto discriminatorio u homofóbico, pero sí borreguil y de mal gusto), prosigue al máximo de sus posibilidades la campaña tardía, enarbolada por comunicadores entre los cuales pululan quienes en su momento consideraron dicha costumbre del público mexicano como divertida y folclórica, hasta que el multitudinario y corriente grito llegó a los oídos de la casta FIFA, por ahí del Mundial de 2014.

Para solucionar lo del vergonzoso grito sería necesario que quienes lo profieren volvieran a nacer y fueran mejor educados o educados a secas; o que reciban como escarmiento severas sanciones.

Y ya entrándole de lleno a lo de educarse, bien harían muchos en plantearse como objetivo una visión del futbol menos chabacana y resultadista.

Porque son escasas las voces inteligentes y excesivos los análisis simplistas y los gritos borreguiles, estentóreos, de baja estofa.

Dentro y fuera del futbol.