@SancadillaNorte

domingo 29 nov. 2020

La historia detrás del 'Aztecazo'

Tigres busca hoy una hazaña, un milagro, algo que muy pocos por no decir casi nadie ha logrado no sólo en la historia del club, sino de las Liguillas: remontar un 1-3.

Desde que terminó el juego de ida el jueves pasado no se habla de otra cosa que no sea el "Aztecazo".

He perdido la cuenta de cuántas veces se ha evocado el recuerdo de lo que los dirigidos por Osvaldo Batocletti consiguieron el 4 de diciembre del 2005, cuando contra todo pronóstico golearon 4-1 al América y pasaron a Semifinales.

Fue todo un hito para Tigres, un equipo que cargaba con una larga sequía de años sin títulos, pero que se metió al Azteca y despedazó al campeón defensor y superlíder de aquel torneo.

Si el solo hecho es difícil de dimensionar, repasar de nuevo por tooodo lo que pasó aquel equipo hace valorar de otra forma lo que consiguieron.

Es una historia de un verdadero "underdog", de un equipo maltrecho que había perdido la identidad y hasta la confianza en sí mismo, que no merecía clasificar y que el reglamento le dio la oportunidad de entrar a la Liguilla.

Eso sí, era un equipo dirigido por un hombre a prueba de todo, con una fe inquebrantable que transmitió a un grupo de jugadores que sin haber sido campeones aún son recordados cada vez que Tigres está en una situación como la actual.

Hablar del 4-1 sin lo que pasó antes es como contar una historia a medias. Así de sencillo.

Un equipo sin identidad ni orgullo

Sábado. Octubre 15, 2005. Atlas vence por 2-1 a Tigres en el Estadio Universitario, golazo incluido de un chavito de larga y rizada caballera e incipiente bigote de nombre Andrés Guardado.

El Uni es un volcán en ebullición y no es difícil adivinar quién saldrá quemado. Días después se da el anuncio oficial, Leo Álvarez deja de ser el director técnico de los felinos; Osvaldo Batocletti es elegido como interino hasta el final del torneo.

Nomás al llegar el diagnóstico de Bato es elocuente. No es que Tigres haya perdido un partido o el funcionamiento sea malo, es que el equipo no tiene identidad.

"Si bien el equipo no está en los últimos lugares y está en zona de clasificación, también es cierto que era un equipo que había perdido la identidad en calidad de local, y eso creo que es lo que más le duele a la gente", dijo Bato.

Con el paso de los días, el equipo no respondía. Después de 3 partidos sólo habían rescatado dos puntos de 9.

Batocletti, que 7 años antes había dirigido a Tigres para salvarlo del descenso, se preguntaba cómo era posible que un plantel con mucha más calidad que aquel no jugara mejor.

"En este equipo hay más calidad que en ese equipo que se salvó, pero en el otro equipo a lo mejor había orgullo que en este que estamos jugando ahorita", lanzó públicamente.

Bato quería que su equipo reaccionara.

Clasifican por Jaguares

Nada de lo que dijera Batocletti funcionaba, simplemente no reaccionaban.

Tigres llegó a las últimas dos fechas haciendo cuentas alegres. Con 4 puntos de 6 entraban, calculaba Batocletti. Golearon a Pumas en el Uni, pero perdieron con el Atlante en el Azteca.

No tenían por qué haber clasificado a la Liguilla, en la cancha habían perdido ese privilegio, pero el reglamento los puso en un sitio que el destino les tenía preparado.

Jaguares no cumplió con la famosa regla del 20/11 y los eliminaron.

Los chiapanecos habían hecho méritos para clasificar, terminaron la fase regular con 23 puntos en octavo lugar. No clasificó porque le restaron tres puntos y Tigres, que había quedado en noveno con 22 unidades, tomó su lugar en Liguilla.

De premio debían jugar contra el América, vigente campeón y líder general.

Pelea y ¿nocaut?

La clasificación debía traer otro ambiente al grupo. Eso pensaría cualquiera.

Sin embargo, en aquellos felinos parecía casi imposible tener un día en paz.

Dos días antes de arrancar la Liguilla, el portero Rogelio Rodríguez y el delantero Sebastiao Pereira "Didí" se agarraron a golpes en pleno entrenamiento. El Ro-Ro le metió una plancha en una jugada, el brasileño lo tomó del cuello y el arquero le tiró dos golpes de vuelta. Una escena poco propia de un equipo enfocado en pelear por el título.

Al día siguiente, "Didí" causó baja del equipo.

Y después vendría la goleada. Tigres parecía que había perdido por nocaut desde el juego de ida. El 1-3 en casa era una losa demasiado pesada.

Aún en ese momento, Batocletti infló el pecho y empezó a trabajar la mentalidad de su equipo.

"Si no sentimos que podemos, entonces para qué vamos al otro partido. No estamos muertos", declaró.

'¿Qué les digo?'

Antes de un partido importante Osvaldo Batocletti les pedía que "al margen del resultado, pártanse la madre".

Pero el argentino se quedo sin palabras después de que sus Tigres habían hecho 3 goles en el primer tiempo del juego de vuelta y tenían el pase a Semifinales en sus manos.

"¿Y ahora que les digo?", le preguntó a sus auxiliares.

Batocletti sólo atinó a decirles que bastaría un gol más para avanzar. Quizá no calculó que antes llegaría un tanto del América y mucho menos que el boleto lo obtendrían agónicamente cuando Julio César Santos empujó aquel balón a los 88'.

"Qué bueno que nos dieran por muertos, nosotros seguimos en la Liguilla", dijo orgulloso al final.

A su regreso a la Ciudad también quedó demostrado que habían recuperado la identidad. Por cientos, su gente se volcó al Aeropuerto para recibirlos en una noche inolvidable.